Un informe de la prestigiosa revista médica The Lancet lanza la alarma sobre la multiplicación de agencias de reclutamiento de personal médico en países en vías de desarrollo, para trabajar en países del primer mundo, donde hay una crónica escasez de esos profesionales.
Se trata, sin duda, de un aspecto particular de la globalización que rige las actividades humanas a escala mundial, fenómeno que afecta a todos los países del mundo, guste o no. En el caso del empleo profesional, la globalización es, una vez más, un tráfico de una sola vía, de los países pobres hacia los países industrializados. Ese derrame de profesionales, para unos, y de incorporación de recursos profesionales calificados, para otros, tiene causas y mecanismos conocidos: la transformación de las becas de especialización en empleos, mediante selección de los mejores elementos; la búsqueda de mejores condiciones de vida y de salarios en países que ofrecen esas posibilidades; la falta de oportunidades en los países de origen o la oferta de incentivos en los de destino y razones sociopolíticas, entre otras.
El lado positivo de esas migraciones es un cierto orgullo nacional de que nuestros profesionales tienen éxito en países altamente competitivos; en contrapartida, lo negativo es la pérdida de recursos invertidos en la educación, generalmente pública y gratuita, para formar profesionales que raramente vuelven a servir en su país.
Sin embargo, en el caso de la migración de mandiles blancos (médicos y enfermeras, básicamente), existe un elemento adicional: en la mayoría de los casos ese personal no sobra en sus países. Por eso se ha llegado a definir ´criminal´ el enrollamiento de esos profesionales desde países de pobreza extrema (franja sub-sahariana) o que tienen déficit de médicos, como la India. De hecho, la actividad de las agencias reclutadoras, considerando que frecuentemente esos profesionales resultan siendo subempleados en los países de destino, se puede asimilar a la tristemente célebre trata de blancas, sólo que blancos en este caso son sólo los mandiles.
¿Y qué en Bolivia? Existe, a todas luces, una situación paradójica. Por un lado, es evidente la presencia de profesionales de la salud en el flujo de emigrantes bolivianos que se ha acelerado en los últimos años. En efecto, los nuevos profesionales, que salen de las universidades públicas y privadas, ya han saturado la oferta de empleos de la administración pública y de la empresa privada; sin contar que la revalorización de la medicina tradicional, sin que medie en esto un juicio de valor, representa un límite al empleo de esos profesionales en zonas donde más se los necesita.
Por otro lado, paradójicamente, la presencia masiva de médicos y paramédicos cubanos, independientemente de su aporte a la mejora de la salud en zonas remotas del país, nos asimila, efímeramente por cierto, a los países más industrializados del planeta, los que importan personal del sector de la salud del extranjero.
En fin, todo lo anterior hace prever que, más antes que después, tendremos agencias reclutadoras de profesionales del área de la salud también en Bolivia.
*Francesco Zaratti es físico.
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