Barack Obama y Hillary Clinton usarán la pausa de seis semanas en el calendario electoral para cortejar el voto de Pensilvania, un estado con un complejo panorama racial que celebra en abril la más importante de las primarias pendientes.
Obama obtuvo ayer más del 90 por ciento del voto negro en Mississippi. Hillary, su rival por la candidatura presidencial demócrata, logró el respaldo de siete de cada diez de los votantes blancos en una contienda con una clara carga racial.
El senador por Illinois, que aspira a convertirse en el primer presidente negro de EEUU, ya había derrotado a Hillary en otros estados con un gran porcentaje de afroamericanos como Carolina del Sur, Alabama, Georgia y Luisiana, por lo que el resultado en Mississippi era esperado.
Aun así, han servido para reabrir el debate sobre el papel que jugará el elemento racial en las primarias pendientes y sobre todo en Pensilvania, que enviará 158 delegados y 29 “superdelegados” (altos cargos del partido y otros funcionarios) a la convención del partido en agosto.
A estas alturas parece ya claro que ninguno de los dos “presidenciables” demócratas conseguirán los 2.025 delegados necesarios para hacerse con la candidatura. Washington, EFE