Es increíble que hasta ahora ningún gobierno le haya dado solución a todos los problemas internos que sufre la institución policial. En todas las elecciones, los candidatos a la Presidencia de la Nación siempre han ofrecido cambios estructurales, aumentos salariales, dotación de equipos y medios y, por último, una nueva Policía moderna, sin la intromisión política y que esté únicamente al servicio de su pueblo.
Esas promesas nunca se cumplieron y la Policía Nacional sigue igual. Para nadie es desconocido que siempre ha habido —y siguen habiendo— denuncias de corrupción, sobre todo relacionadas con la administración discrecional de los recursos propios de la institución del orden y de los pocos que le otorga el Estado. La consecuencia lógica de esta realidad son los malos servicios, la falta de responsabilidad y la negligencia en el desempeño de la función policial.
¿Cómo puede haber una Policía eficiente, si sus efectivos son mal pagados —reciben un salario miserable, que no les alcanza para vivir— ni cuentan con el equipo y los medios necesarios para prestar el servicio requerido por la población?
Por otra parte, últimamente los policías están siendo víctimas de la mal llamada justicia comunitaria, bajo el argumento de que han cometido irregularidades. Nada justifica un hecho de sangre.
Entre otras reparticiones policiales, el Batallón de Seguridad Física Privada ha estado envuelto en constantes problemas debido a su mala administración y a la falta de coordinación, pero también por la desinformación. Muchos de sus hombres se ven frustrados, cansados y decepcionados por las irregularidades que se denuncian en su institución y que se manifiestan, igualmente, en malos servicios, negligencia e irresponsabilidad en el desempeño de las funciones.
El que paga la factura de este descalabro es el pueblo, ese pueblo que necesita de seguridad y está deseoso de creer en su Policía.
¿Quién es el responsable de esta situación? La intromisión política de los gobiernos de turno, que aprovechan la frágil doctrina y la débil estructura organizacional de la institución para manipular las decisiones de los Altos Mandos, en beneficio de tal o cual partido.
Es hora de que los hombres que han conducido a la institución y los que están conduciéndola hablen con valentía y honestidad al Primer Mandatario y a las autoridades de gobierno, sobre la cruda realidad que vivieron y están viviendo sus hombres. Hay desinformación de la verdad institucional de la Policía y el pueblo tiene que saber.
*Nelson Nogales Robles es Cnl. DESP, de la Reserva Activa.
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