La Niña y la nueva CPE dejan sin sueño a los ganaderos de Beni La Federación de Ganaderos de esta región cuestiona que se vaya al referéndum dirimidor sin que se haya efectuado un estudio técnico para determinar a partir de qué cantidad se considera a las tierras como latifundio.
EN BENI • Un peón de la hacienda “Las palmas del Imperio”, del ganadero Luis Felipe Alvarado, arrastra los restos de una vaca que murió como efecto de los cambios climáticos en la región.
La cara de Pancho es un poema. Cubierto de la lluvia bajo una lona, ve la televisión con sus compañeros de fatigas, Raúl y Marquiño. El día ha sido duro. Durísimo. La jornada empezó temprano, al despuntar el alba. Todo el día cargaron forraje para el ganado que permanece en una loma natural hasta que baje el nivel de las aguas en “Las Palmas del Imperio”. No fue suficiente. Dos becerros se dejaron morir, sin más.
“Estoy cansado de tanto guacho muerto. Y esto de yapa”, dice Pancho apuntando la pantalla del televisor. La imagen del presidente Evo Morales promulgando la Ley 3836, que da luz verde al referéndum dirimidor sobre la extensión del latifundio en una festiva plaza Murillo, cala hondo en los peones. Saben que esa consulta popular tiene que ver con la propiedad de la tierra; una tierra que no es suya, pero de la que viven y dan de comer a sus hijos, esos niños que juegan desnudos en el agua ajenos al desastre natural. “Es mejor así. Los pelaos no tienen por qué dejar de ser pelaos”, dice Marquiño con gravedad, pero con una sonrisa amplia y sincera, propia de la gente nacida allá donde es fácil perderse en la inmensidad de los bosques.
´Vivimos de esto. Del ganao. Si nos lo quitan, explíqueme usté, pariente, de qué vamos a comer”, afirma Raúl. “Claro que vamos a defender la tierra. Que no se atrevan a tocarla”, remata Pancho, quien al día recorre 120 kilómetros en cuatro viajes de ida y vuelta en deslizador —una pequeña barca a motor— llevando alimento al ganado. Sus manos, callosas y doloridas, testimonian el esfuerzo. Sus ojos, irritados por las nubes de mosquitos que revolotean los cadáveres de las reses que no consiguieron salir adelante, hablan de mejores tiempos y de la dureza de un presente que en el departamento de Beni, eminentemente ganadero, se considera amenazado por las consecuencias climatológicas del fenómeno La Niña y la política, el artículo 398 del proyecto de Constitución Política del Estado.
“De esa manera se garantizará la refundación de Bolivia, una refundación de Bolivia en democracia que garantice la unidad de los bolivianos, la dignidad y la igualdad de los bolivianos”, sostiene el presidente Evo Morales, y Pancho niega con la cabeza, sin decir palabra. Marquiño masculla “ya veremos” y Raúl sólo desea las buenas noches. Mañana, con el primer trino del tiluchi, toca empezar de nuevo.
Es lógico que en el seno de la Federación de Ganaderos del Beni y Pando, que aglutina a 2.578 empresarios pequeños, medianos y grandes, se vea con inquietud el referéndum dirimidor sobre el artículo 398 del proyecto de CPE. En principio, el 4 de mayo, el pueblo boliviano acudirá a las urnas para pronunciarse sobre el latifundio. En realidad, se determinará su extensión: cinco mil y diez mil hectáreas.
“Nadie ha explicado por qué 5.000 hectáreas es latifundio y 2.972 no lo es”, dice Christian Sattori Ivanovic, presidente de Fegabeni. ´En otras palabras, ¿qué es un latifundio? Lo que plantea el MAS en su Constitución es que cualquiera, usted mismo, elija entre cinco mil y diez mil hectáreas. Es ilógico elegir entre dos opciones, cuando habrá quien considere que diez mil hectáreas es latifundio, pero cinco mil no lo es. ¿Bajo qué parámetro técnico se consultará a la gente?”, pregunta mostrando voluminosas carpetas de documentación técnica que maneja para defender su posición.
El artículo transitorio séptimo, aprobado por la Asamblea Constituyente, determina que será el Poder Ejecutivo el que establecerá por ley, y tomando en cuenta “parámetros técnicos”, los límites mínimos y máximos de la propiedad agraria.
“En realidad, de lo que se trata es de que el Gobierno revierta la propiedad de las tierras acumuladas por influyentes empresarios y políticos que no cumplen una función productora. Aquí, por supuesto, entran las llamadas tierras de engorde acaparadas con fines especulativos”, explica el viceministro de Tierras, Alejandro Almaraz, quien tuvo que superar un momento tenso cuando 50 ganaderos y sus peones cercaron las oficinas del INRA en Camiri.
“Acá lo que se ha fijado es una cifra, y como alternativa el doble”, remarca Christian Sattori. “Nos están tendiendo una trampa por cuestiones políticas. Piensan que un ganadero es un latifundista y éste un oligarca, un explotador. Nada de eso es cierto”, argumenta el presidente de los ganaderos, un joven profesional que admite que el sector está atravesando por un momento delicado por la coyuntura política. “Si las cosas cambian, lo cual es posible, el Beni se convertirá en un hermoso paraje, un destino turístico privilegiado, pero al mismo tiempo empobrecido”, reconoce circunspecto mientras repasa las fotos que le ha traído Luis Felipe Alvarado, un ganadero que acaba de llegar tras rescatar a varias cabezas de una muerte por ahogamiento. “Las Palmas del Imperio” es una hacienda de 6.000 hectáreas. Durante la gran inundación del 2007, su propietario, Luis Felipe Alvarado Cortez, perdió más de 400 reses. Ayudado por sus empleados y jornaleros arreó ganado hasta las lomas, pequeñas extensiones de tierra ubicadas a cierta altura, e incluso contrató barcazas para trasladar ganado a Trinidad. Este año tomó previsiones y pudo salvar la mayoría de sus cabezas de ganado, pero la casona donde creció aprendiendo de su padre los secretos de la ganadería, transmitidos de generación en generación, quedó completamente anegada. Para Luis Felipe, el impacto emocional resultó devastador.
“No conozco otro modo de vida. Acá ha habido siempre inundaciones, aún recuerdo la de 1992. Pero ahora, esto es demasiado”, lamenta él, tratando de abarcar con los brazos abiertos la extensión de la superficie inundada. “En época de secano, estos son pastizales”, dice afligido. Ciertamente parece mentira que debajo de la masa de agua de inundación, producto del desbordamiento de los afluentes del Mamoré, pueda existir tierra destinada al pastoreo de ganado bovino. No es exagerado afirmar que de las 6.000 hectáreas de “Las Palmas del Imperio”, 3.000 ó más estén anegadas durante al menos cuatro o cinco meses del año. En el 2008, por ejemplo, la superficie seca durante la inundación es de sólo dos hectáreas.
“¿Y entonces? ¿Qué queda del latifundio que dice el Gobierno? Si me quedo con 5.000 hectáreas y la mitad no sirve medio año, ¿de qué vivo?”, reflexiona José Luis Aguilera, primo de Alvarado. No le falta razón. La consideración de la superficie de un latifundio obedece a un parámetro técnico, donde se toma en cuenta la región geográfica, calidad del suelo, vegetación, clima y su hidrología. Por eso, lo que es una superficie apta para la agricultura, por lo general no lo es para la ganadería. En Beni, el humus del suelo no permite la agricultura, pero sí la ganadería. Según Roberto Aguilera Guzmán, autor de “La Ganadería beniana en cifras”, “el sistema extensivo de explotación usado en Beni tiene varias ventajas comparativas muy importantes frente a otros países productores (…) La carne es producida a campo, en pasturas baratas naturales de buena palatabilidad (que el ganado come) y alto valor nutritivo. En consecuencia, los animales criados bajo este sistema son engordados libres de hormonas”. Asimismo, la ganadería de explotación extensiva en las vastas sabanas de Beni permite criar una gran cantidad de ganado bovino sin alterar el ecosistema, como ocurre en otros lugares donde se practica el desmonte y la explotación forestal. A pesar de ello, cerca del 80% de los pastizales no cumple su función durante medio año.
“Vivimos de esto. Del ganao. Si nos lo quitan, explíqueme usté, pariente, de qué vamos a comer´. Raúl, forrajero del Beni
“Piensan que un ganadero es un latifundista y éste un oligarca, un explotador. Nada de eso es cierto. Christian Sattori, presidente de Fegabeni
DATOS
Provincias • Siete de las ocho provincias del departamento de Beni son ganaderas. Las más importantes son Iténez, Cercado y Marbán.
Número • Son 7.000 ganaderos: Los pequeños, con menos de 500 cabezas, son mayoría; los medianos, hasta 2.500; los grandes más de 2.500.
Patrimonio • La ganadería genera empleo directo a 24.000 familias y su patrimonio es de $us 636 millones, de los que 291,3 se invirtieron en tierras.