“Latifundio” se ha convertido en una “mala palabra” para el común de la sociedad. Enseguida se interpreta como sinónimo de “acaparamiento de tierras para beneficio de un particular”, un “terrateniente potentado y explotador” que impide el acceso al recurso tierra de los comunarios sometidos en Bolivia.
Este es un concepto que se mantiene hasta el día de hoy, a pesar de la Reforma Agraria y los avances que en materia de redistribución de la tierra se han alcanzado en Bolivia.
Es evidente que aún existen grandes extensiones de tierra en poder de familias o particulares, generándose problemas de alta conflictividad social como en Pananti, en el Chaco tarijeño, en noviembre del 2001. En 1996, una ley ordenó el saneamiento de tierras, pero una década después el INRA sólo alcanzó a sanear el 17%. Asimismo, el Informe sobre Desarrollo Humano 2005 del Programa de Naciones Unidas Para el Desarrollo señala que “la distribución de la tierra es tan desigual en Bolivia, que menos de cien familias son propietarias de 25 millones de hectáreas".