El pueblo kosovar esparce el aire de independencia por el mundo La mayoría albanesa de esta provincia serbia se declaró independiente el 17 de febrero. El mundo está dividido por las implicancias de tal decisión. Hay otros pueblos que quieren seguir su ejemplo.
¿Se puede negar a vascos, catalanes, serbobosnios, kurdos, corsos, abjasios, osetos y a otros pueblos del mundo el derecho a la autodeterminación, tal como se les permitió a los kosovares? No hay una respuesta contundente a esta interrogante, pero algo queda claro: el reconocimiento de la autodeterminación de Kosovo esparció el aire de independencia por todo el mundo.
El 17 de febrero, el Parlamento de Kosovo votó la independencia de esta provincia del sur de Serbia de mayoría albanesa. Los primeros en reconocerla fueron Estados Unidos, Alemania, Reino Unido, Italia y Francia. Esta decisión, sin embargo, no fue acompañada por España, Rumania, Chipre, Grecia, Eslovaquia y otros países europeos.
España tiene motivos suficientes para no haber reconocido la independencia de Kosovo. En su territorio hay varios movimientos separatistas, principalmente en el País Vasco y en Cataluña. Ambas nacionalidades reivindican su independencia del Estado español. Unos lo hacen a través de la violencia, como ETA (Euskadi Ta Askatasuna, Patria Vasca y Libertad), o a través de medios pacíficos, como los partidos independentistas catalanes. Galicia es otra región que busca independizarse de España.
Un rasgo principal en la identidad de estos pueblos es el idioma. En Galicia se habla el gallego, un idioma emparentado con el portugués, en Cataluña el catalán y en el País Vasco el euskera. El catalán también se habla en la Comunidad Valenciana y en las Islas Baleares mientras el euskera o vasco se ha difundido en Navarra, aunque en menor medida.
Rumania también tiene sus propios problemas internos. Los líderes radicales de los húngaros de Rumania consideran que Kosovo debería ser un precedente para acelerar la autonomía de la llamada “Tierra de los Szekelys”, enclave con el 85% de población húngara al este de Transilvania.
En los Balcanes, la independencia de Kosovo ha generado nuevas tensiones y ha desatado nuevas aspiraciones de secesión en el ente serbio de Bosnia y la creciente inquietud ha comenzado a trasladarse a Macedonia y Montenegro, donde la minoría albanesa demanda más autonomía, si no la independencia plena. El problema en Bosnia es étnico y religioso. Pese a su origen eslavo y a un idioma común —el serbocroata—, la convivencia entre serbios (cristianos ortodoxos), croatas (católicos) y bosníacos (musulmanes) no ha sido nada fácil desde la firma del acuerdo de Dayton (Estados Unidos), en 1995, que puso fin a la guerra civil en esa región.
La península de los Balcanes está ocupada por Albania, Bulgaria, Croacia, Grecia, Macedonia, Montenegro, Rumania (sólo una parte), Serbia, la región de Estambul (Turquía) y recientemente Kosovo.
Para el ex ministro de Relaciones Exteriores Armando Loaiza, la situación en los Balcanes es sumamente compleja, por las distintas nacionalidades que pueblan esos territorios.
Respecto a la autodeterminación, el ex canciller señala —en base a la Carta de la Organización de las Naciones Unidas— que la condición es que deben “haber razones históricas profundas, cuestiones de estructura religiosa, política, racial que tipifiquen y singularicen a una comunidad”.