Los Caballeros del Santo Sepulcro han ganado el rango de Orden. El Paso del Calvario se nutre de jóvenes. En La Paz alistan la procesión.
Texto: Liliana Carrillo Valenzuela • Fotos: Pedro Laguna
na tonelada sobre los hombros. Aun- que amada y compartida, la carga lastima a cada paso. Y miles son los pasos, cubiertos con túnica y capucha, que acompañan la procesión de Viernes Santo que parte de la iglesia de La Merced y recorre el centro paceño. “Es un dolor mínimo comparado con el sacrificio que soportó nuestro Señor”, sentencia José Quiroz Alzugaray, presidente de la Orden de los Caballeros del Santo Sepulcro.
Hace cuarto siglo, cada Viernes Santo, junto a otros 50 Caballeros, Quiroz cumple un antiguo rito: limpia la imagen del Santo Sepulcro y la coloca en el altar móvil que la llevará en procesión. “Somos sus custodios”, explica.
La cercanía de la Semana Santa bulle en la iglesia de La Merced. Frente a la flamante capilla del Santo Sepulcro; el altar del Señor del Calvario ha sido engalanado con flores, velas y nuevos hábitos para las tres imágenes que acoge. “Las preparamos para la Semana Santa”, señala Richard Zapata, presidente de la Cofradía del Paso del Calvario. A sus 23 años, él también sabe del dulce sacrificio de llevar una tonelada de pura fe sobre los hombros.
Ni la del Santo Sepulcro, que ostenta orgullosa la nominación de Orden; ni la del Paso del Calvario son las únicas cofradías paceñas. Sólo en el templo de la calle Comercio hay seis hermandades dedicadas a cuidar y mantener viva la devoción de santos y vírgenes. “Se llaman hermandades porque se sienten como hermanos y se congregan en torno a la fe”, expresa Ernesto Victoria Terán, párroco de La Merced. “No sólo cuidan a los santos, también ayudan a los necesitados”, agrega el sacerdote mercedario peruano.
Caballeros del Señor
Cada mañana, José Quiroz abre la capilla del Santo Sepulcro que cobija la imagen de Jesús lacerado tras la crucifixión. “Estoy con Él, charlo, Él me da salud y yo sigo viviendo...”, confiesa. Hace 25 años, cuando aún era funcionario de la Alcaldía, don Pepe ingresó en la Hermandad del Santo Sepulcro. Asumió su dirección el 2000 y en este tiempo no sólo logró la restauración de la imagen venerada, sino que posibilitó que la Cofradía adquiera el rango de Orden.
“Ya tenemos personería jurídica”, comenta Quiroz y se remonta a la estirpe de nobles europeos que en la Cruzada de 1098 protegieron el Santo Sepulcro de los infieles en Jerusalén. Sus descendientes crearon una Orden de Caballería católica que llegó a América con la Colonia. Como Cofradía, fue creada en la ciudad de La Paz por el sacerdote jesuita Juan M. Capitán en 1913.
“Estamos haciendo los trámites para obtener una Resolución Arzobispal que nos permita lograr de la Santa Sede el reconocimiento a los Caballeros del Santo Sepulcro como la primera Orden de Bolivia”, acota Rudi Aponte Ibes (46), quien este año tomará la posta en la presidencia.
Salvo el honor de ser los primeros; la actividad de los Caballeros no cambió al convertirse en Orden. Como hace casi un siglo, continúan asistiendo a misa todos los primeros viernes de mes, realizando obras de caridad, organizando la procesión de Viernes Santo y custodiando con celo la restaurada imagen del Señor del Santo Sepulcro.
“El Señor estaba muy deteriorado por años y años de estar expuesto al polvo, al hollín y a los algodones perfumados que pasaban los fieles por sus llagas. Entonces, conseguimos fondos de la Embajada de Alemania y los técnicos del Viceministerio de Desarrollo de Culturas lo restauraron, pero antes lo sometieron a rayos X”, relata Quiroz. Por ello, ahora la imagen de madera maguey que llegó de Italia hace 360 años está protegida en una urna y dentro de una capilla construida en la iglesia. “Debemos tenerla bajo llave para cuidarla; pero abrimos las puertas cada día”, admite don Pepe y relata que ahora su Orden impulsa la restauración de la imagen de la Virgen de La Merced.
El Viernes Santo, la hermandad en pleno —50 Caballeros; y otros tantos niños y damas— participará en la procesión. “Uno se siente realizado sintiendo ese peso que lastima; es algo hermoso llevarlo al Señor, al “Flaco”, como le digo en confianza. Vamos con capucha por humildad, sólo nosotros sabemos que le estamos cumpliendo”, cuenta Fernando Alarcón, jubilado, que hace 18 años es parte del Santo Sepulcro.
“Todo es fe”, coincide Rudi Aponte, quien se unió a la Hermandad hace dos décadas y un año soportó el ara incluso con la pierna enyesada. “Todos pueden ser miembros de la Orden, sólo necesitan tener devoción, asistir a las actividades y cumplir con las normas”, asegura.
Al Paso del Calvario
Han pasado 20 años desde la primera vez que Richard Zapata Morales participó en una procesión. Entonces, tenía tres años e iba bajo las andas. “Así era de chiquitito´, ejemplifica Álvaro, su padre. Richard, hoy estudia Derecho y preside la Cofradía del Paso del Calvario, que es custodia de tres imágenes: el Señor del Calvario, la Virgen María y San Juan.
“Tenemos la directiva más joven de las cofradías”, coinciden Miguel Ángel Saavedra (26), Víctor Hugo Núñez (25) y Jorge Aguirre (25). En su vida cotidiana son médicos, pero en el templo se transforman en activos devotos. “Para nosotros, la religión es algo vivo y alegre como el amor de Dios”, expone el presidente de la hermandad católica fundada en 1958.
“Este altar se ha hecho con mucho sacrificio de toda la Cofradía del Paso del Calvario”, enseña don Álvaro Zapata (70); él fue parte de su construcción, en los años 70, y por tres décadas cargó la imágenes. “Ahora les toca a los chicos”, dice. Ellos, responden entusiastas: “Por promesa no usamos protección en el hombro”, cuenta su hijo quien, como sus 30 cofrades, estrenará capucha, sayal y capa en el paseo santo.
Esa es sólo una de sus actividades: “Todo el año recaudamos fondos para hacerles almuercito a los pobres; pero queremos restaurar las imágenes que datan de 1400; ni el Viceministerio de Desarrollo de Culturas ni nadie nos tira bola”, lamenta.
Este año, por primera vez, las mujeres de la Cofradía de la Virgen Dolorosa entrarán con capuchas. “Íbamos con la cara descubierta; pero ahora seremos anónimas como los hombres”, explica Miriam Aliendre Gutiérrez, presidenta de la hermandad mayoritariamente femenina. Está ocupada bordando el nuevo manto de la Virgen y buscando una batería que ilumine el altar. Lo goza con fe.
El Viernes Santo, las cofradías engalanarán a sus santos; los pondrán en andas y los sacarán en procesión. Algunos, quizás, hasta “charlen” con ellos antes de gozar el sacrificio de llevar una tonelada de fe en los hombros.