Las imágenes estrenan un traje cada año. Piel de lobo y pedrería son algunos elementos que se usan en la confección. Sólo el bordado del nombre del pasante demanda dos días.
Texto: Jorge Quispe Fotos: Nicolás Quinteros
Durante un año, la Virgen de las Nieves desapareció. Con ella, un cajón de madera con 20 de sus pequeños trajes hechos desde 1920.
La familia Altamirano tardó 365 días en recuperar la imagen y el vestuario. Desde su taller de bordados Túpac Katari, en la avenida Kollasuyo y Entre Ríos en La Paz. Hugo Altamirano Ticona (78) recuerda con dolor ese 2003 cuando un preste se lo llevó a El Alto.
´La retuvieron porque decían que aquí en la zona (Alto Mariscal Santa Cruz) ya no podríamos pasar la fiesta´, cuenta Hugo con voz pausada. Tras varios intentos por ubicar al pasante, la madre volvió a la casa de los Altamirano, donde junto a su hijo Juan Altamirano Apaza (50), elaboran atuendos para vírgenes, un sitio donde no les falta un traje para lucir.
Las manos de los Altamirano
El preste viste a la Virgen. En las fiestas patronales hay prestes y devotos. El primero conserva la imagen un año y puede cederla por dos semanas a los devotos. ´En la casa del preste oran y prenden velas. Antes de que acaben los 12 meses, él debe obsequiarle a la mamita una nueva ropa´, explica Juan. Ahí entran las manos de los Altamirano. María puede tener una blusa, un vestido, una capa y hasta prendas para el niño Jesús, como en el caso de la Virgen de las Nieves. ´Entonces, hay que hacer dos y hasta tres nuevas ropitas´.
Para comenzar, el cliente debe traer con un mes de anticipación una vestimenta de la imagen para sacar el molde. Luego, una tela blanca es sujetada con un bastidor cuadrado. Enseguida se tiende la piel de lobo, u otro material, y así se va armando la capa y la blusa donde se incluirán hojas, flores y ramos bordados. Finalmente, se costura el forro y termina el trabajo fino en la máquina de coser en tres semanas. La vestidura para el niño demora más ´porque así sea pequeño, hay que bordar´, suelta Juan detrás de unos lentes.
En ocasiones, los pasantes prefieren traer telas brillosas, por lo que no se necesitan adornos. Hasta hace unos 20 años, la bordadura más cotizada era la de sobrerrelieve, donde entra un cartón especial. Ahora el trabajo lo hacen las máquinas.
Una de las labores más difíciles es diseñar el nombre del pasante. ´Tardo dos días en hacer las letras. Las mías son manuscritas, porque así evito hacer más de dos nudos´.
Los artesanos usan, además, hilo plástico y encadenado, mostacilla, piedras y lentejuelas. El precio del atuendo depende del tamaño de la Virgen: para una de 30 centímetros cuesta 250 bolivianos, para una de 40, 400 y para una de 60, 900 bolivianos. En la confección de la ropa de las vírgenes la moda varía en el número de pétalos o en las flores de los diseños.
Un atuendo sin propietaria
En el taller de los Altamirano aún está un manto blanco con bordados dorados, con escudo y nombre del pasante incluidos, que nunca fue recogido. En 1986, un preste pidió el trabajo y a las dos semanas llamó para cancelar. El atuendo iba a ser para la Virgen de Copacabana, pero el preste nunca apareció.
Hoy, ese traje es muestra fiel del trabajo de los Altamirano. Pero no es el único. Hugo tiene en un altar a la Virgen de las Nieves y con ella, un cajón de madera donde guarda 20 de sus ropas. Entre ellas destaca la más antigua, que data de 1920.
Cuando un preste recibe la imagen, acoge también un inventario y toda su ropa. ´Algunas llevan aretes y anillos, y es costumbre también cambiarlos, aunque pocos lo hacen´, enseña Juan Altamirano Apaza. Las estatuas llevan además velo, el arco que les da la virtud de Virgen, corona y hasta canastillo.
Para los Altamirano, la Virgen de las Nieves es la consentida. Atrás quedaron las fiestas con diez comparsas que bailaban por ella en los años 70. Hoy, tras un cristal, espera a agosto, el mes en que estrenará otro traje.