Oposición y oficialismo han demostrado hasta ahora ser incapaces de lograr soluciones pacíficas a la crisis que vivimos los bolivianos, revelando así la terrible pobreza de nuestra “clase política”, que no termina de dar tumbos estrepitosos propios de nuestra historia republicana. Como consecuencia de este hecho, un escenario de incertidumbre envuelve al país, postergando así la posibilidad de iniciar un proceso de desarrollo económico y social favorecido como nunca antes por los altos precios de los productos que Bolivia exporta.
Esta explícita ineptitud es el resultado del posicionamiento de las partes que han definido como único propósito “vencer” al que se encuentra del otro lado de la mesa. Esta postura niega la posibilidad que la mayoría del país reclama: lograr una negociación integradora que dé como resultado un esfuerzo común entre las partes para crear riqueza y desarrollo beneficiando a todos: empresarios, obreros, campesinos, comerciantes, militares, políticos, etc.
Conciliar intereses es posible en la medida que se abandonen posiciones de corto plazo y se asuma una visión estratégica para estos sectores, donde unos deberán ceder poder político pero lograr a su vez condiciones más favorables para reproducir capital; en tanto que los otros deben generar estas condiciones a cambio de lograr un avance de los sectores marginados en las estructuras de poder. Este proceso de evolución es históricamente inevitable, por lo que la incapacidad de hoy únicamente lo retrasa, además de ponernos al borde de confrontaciones más violentas y de consecuencias lamentables.
Todo indica que el tratar de imponer la solución de uno frente a la del otro, no es el camino correcto; encontrar los puntos comunes para disminuir las distancias entre unos y otros, no es suficiente. Además de los intereses críticamente conflictivos, hay muchos otros intereses compartidos y compatibles, pues todos, capitalistas y clase obrera, necesitamos vivir en un país de paz donde se pueda generar bienestar, riqueza y desarrollo, mirando con luz larga el futuro del país. Ninguno de los sectores puede estar mejor en un país tan confrontado.
Basta de continuar el improductivo y pérfido ejercicio de juzgar al otro por sus actos ilegales o ilegítimos, que al final da igual; basta de buscar imponer una solución única; basta de buscar el beneficio propio en detrimento del bienestar colectivo. Se debe comprender que las consecuencias de una buena o mala negociación van a perdurar en el tiempo.
*José Luis Bedregal V. es especialista en Gestión Pública.
Las minorías eficaces
La crisis de Estado por la que atraviesa Bolivia ha devenido en la fase más aguda de la anomia social, que es la diáspora. Las instituciones, al no poder contener ni abarcar el conflicto, abdican sus funciones ante las asociaciones corporativas que tienen capacidad de presión e imposición a través de la fuerza.
El cambio y la corrupción
Pocas consignas han sido repetidas con tanta vehemencia como las que hacen a la hipotética honradez del régimen masista. Sin embargo, como es cada vez más evidente, la corrupción no sólo que estuvo presente desde los primeros días del gobierno de Evo Morales, sino que es uno de sus rasgos más notorios.
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