Pocas consignas han sido repetidas con tanta vehemencia como las que hacen a la hipotética honradez del régimen masista. Sin embargo, como es cada vez más evidente, la corrupción no sólo que estuvo presente desde los primeros días del gobierno de Evo Morales, sino que es uno de sus rasgos más notorios. La enumeración de todos los casos que han sido denunciados, algunos con indicios y muchos con pruebas manifiestas, es sumamente extensa, lo que evidencia que en este tema está lejos de haber ocurrido algún cambio. Las denuncias de corrupción han concernido prácticamente a todos los sectores de la actividad gubernamental y a una gama muy amplia de responsables, dirigentes y autoridades del partido oficialista.
El nombramiento de Santos Ramírez como presidente interino de YPFB, constituye una lúgubre señal para quienes todavía albergaban alguna esperanza de que el prebendalismo se mantenga alejado de la gestión pública a esos niveles. El ex senador, que ha sido implicado por numerosas personas en tráfico de influencias, venta de avales, en el caso de las visas chinas y en negociados en Potosí, firmó, cuando ejercía como presidente del Senado, una carta para que Freddy Terceros Cortés, que fue arrestado en el aeropuerto de El Alto el 31 de julio del 2006 con 3,5 kg de clorhidrato de cocaína, realice “gestiones institucionales en nombre del Congreso de Bolivia” (!). Ahora ha explicado muy suelto de cuerpo que tiene en mente las reservas internacionales de la nación para reactivar la empresa.
Casi simultáneamente, el presidente de la Aduana ha hecho públicos ocho casos de corrupción mayor en los más altos niveles de la institución. El general César López, que ha logrado la sospechosísima e inusual hazaña de haber estado en Octubre Negro de un lado de la tragedia, y aparecer después en el otro, ha sido denunciado por la asociación de heridos de octubre del 2003 como uno de los protagonistas de lo ocurrido, y ahora ha explicado que ignoraba lo que hacían sus subalternos en la Aduana, incluyendo al gerente general que él designó. Ambos casos, a los que se podría sumar más, plantean abrumadoras dudas sobre la integridad moral y política que sustenta al régimen de Evo Morales.
*Luis Eduardo Siles es diplomado del Instituto de Estudios Políticos de Burdeos.
Las minorías eficaces
La crisis de Estado por la que atraviesa Bolivia ha devenido en la fase más aguda de la anomia social, que es la diáspora. Las instituciones, al no poder contener ni abarcar el conflicto, abdican sus funciones ante las asociaciones corporativas que tienen capacidad de presión e imposición a través de la fuerza.
Incapaces hasta pa’ negociar
Oposición y oficialismo han demostrado hasta ahora ser incapaces de lograr soluciones pacíficas a la crisis que vivimos los bolivianos, revelando así la terrible pobreza de nuestra “clase política”, que no termina de dar tumbos estrepitosos propios de nuestra historia republicana.
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Como Fidel, sin ningún cambio
Mantendrá el socialismo pero flexibilizará la economía