Como cualquier demócrata, estoy también sorprendido con la alevosía reiterada en el estilo de hacer política del MAS: primero, con la aprobación del proyecto de Constitución, y después con la aprobación de los referendos.
Aun a quienes guardábamos profundas reservas y veíamos poca pericia en la forma y el fondo del referéndum autonómico de Santa Cruz, se nos ha puesto coactivamente de su lado. Todo no a la Constitución está ahora maniqueamente diseñado. No tenemos oportunidad de oponernos a ninguno de los dos proyectos sin que se presuma que apoyamos al opuesto, aunque lo cierto sea que nos oponemos —y opusimos— a los dos. Tampoco se nos ha dado la opción de ver desarrollo y prosperidad para todos desde una visión liberal y solidaria. Lo comunitario y coactivo es lo único que hay.
Las cartas están echadas y la lectura es frustrante para los demócratas que vemos la democracia como un todo coherente, racional y no tan descentralizado. Las pasiones y los resentimientos acompañan a una Constitución que seguramente ha de traer más problemas que soluciones. De sus términos no se puede esperar tolerancia ni solidaridad entre los bolivianos. Tampoco de las formas desde lo autonómico. Estamos ante dos visiones autoritarias en competencia, que, por lo aparente de la disputa por el voto, confundimos con un empate democrático.
Pagamos justos por pecadores. Evo y su gobierno se está olvidando de nosotros, de miles de ciudadanos que compartíamos su sueño, pero que nunca compartiremos con sus formas, las que ahora son más deplorables que nunca, y todo por una persecución paranoica que sufre contra las oligarquías. Nos toca un Presidente que sólo ve una cara de la moneda, esta vez la opuesta a la que veían los anteriores. Para mala suerte, ya no es corrupción sino coacción la estrategia empleada.
¿Cómo será redactado el preámbulo de la Constitución? Los preámbulos suelen incidir en el clima de paz y en el entusiasmo que dominó la concertación de los asuntos constitucionales. Se asemeja a una carta de felicitación que se extiende a todos los ciudadanos y ciudadanas. Las expectativas que emergen con la modificación de su articulado suelen ser de las más racionales en política, debido a que, sin dinero y sin capacidad, los derechos y la organización del Estado no pueden garantizarse ni evolucionar por mera poesía. Contrariamente, aquí no hubo concertación ni clima de paz y las expectativas están sobredimensionadas.
Resulta que ahora, con el guión de la Constitución, parecería que el gobierno lo va a hacer todo bien; ha incorporado su poético plan de gobierno sin llegar a entender el sentido de unidad política que establece una Constitución. Y no es porque se incluya la palabrita ´unidad´ o ´amor´, como sugieren los más involucrados diseñadores de la propuesta. Las constituciones importan no solamente por su coherencia y aplicabilidad, sino por cómo se hacen: el proceso.
La propuesta masista no guarda ni fondo ni forma. Aquí no se trata de que las oligarquías no querían pactar, se trata de que un buen gobierno busca estabilidad, seguridad, unidad y diseña propuestas o alternativas para congeniar a los ciudadanos que, está por demás decir, son diferentes y están en distintas condiciones económicas, culturales y políticas. Para eso se eligen gobiernos, para que sepan liderar y pongan moderación. Con el ejemplo de ahora, el Gobierno es uno más echando leña al fuego, uno más rebajado a las miserias de los intereses sectarios.
Ha llegado la oportunidad para un nuevo liderazgo, que no se olvide de Bolivia por culpa de un solo gobierno, sin populismos ni egoísmos regionales, que sea suficientemente capaz de calmar las ambiciones de su región, en pos de satisfacerlas, como a todas las demás, en un clima de paz, concertación y entusiasmo junto con todos los bolivianos. Ha llegado la hora de re-unir Bolivia con las autonomías. Pero si no se aclara lo nacional por la razón, los movimientos sociales terminarán dictando sus sentencias pasionales en contra de todo aquel que se oponga a su fuerza y, desde luego, se abrirá la posibilidad de caer en lo que se critica.
Se lo han puesto difícil; de entrada, el resultado de los referendos es maniqueo. El secreto está en matizar el No, mirar más allá de sus ombligos e ir acumulando simpatías. Apostar con todos por el desmoronamiento de la propuesta oficialista a través del voto, es la misión democrática de las regiones. De otro modo, desde otro enfoque o desde el otro bando nada bueno se puede esperar.
*William Kushner es M.A. en Gobierno y Administración Pública.
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