La debilidad del Gobierno es apenas un reflejo de cómo está la sociedad boliviana. Su incapacidad de organizar el ejercicio del poder es justamente la ausencia de un sujeto político concreto; se pensó que la ´multitud´ y su ´desborde´ eran la expresión de esa nueva subjetividad, aunque, seamos sinceros, de tan abstracta y gelatinosa que es en su concepción, no permite que se encarne en un programa político sólido y claro. Se creyó que el momento político vivido desde el 2000 era una antesala insurreccional ´necesaria´ de cambios sociales estructurales. Y todos los hechos fueron decantando la idea —o la ilusión— de que el advenimiento de un gobierno presidido por un indígena era la expresión real de ese cambio. Hasta las clases medias se convencieron de aquello. Pero en política ningún acontecimiento tiene carácter de ´necesidad´ lógica; son las condiciones concretas las que permiten tener una adecuada lectura de los procesos sociales, políticos y económicos.
No puede dejar de reconocerse que el país vivió momentos de insurrección, sin embargo, éstos no trascendieron la espontaneidad del momento. Pese a su fuerza, es cierto también que se mitificó mucho a su organización propagando ideas —de ese comunitarismo impostado— sobre la autogestión, la autoorganización de los movimientos sociales. Frente a esa idealización, no olvidemos que los gobiernos, desde 1985 en adelante, se encargaron de minar cualquier rastro de organización que ponga en peligro la marcha de la economía de mercado (los sindicatos, la COB, esencialmente); y lo hizo no sólo destruyendo sus bases materiales, sino ideológicas; la individualización de la producción, la miríada de pequeños productores —unos prósperos y otros que apenas sobreviven por la subcontratación—, miles de campesinos que venden su fuerza de trabajo en el campo y en la ciudad, pese a que materialmente producen una creciente proletarización en todos los ámbitos de la producción, ideológica y subjetivamente generan pequeños empresarios y emprendedores, que piensan más en soluciones individuales que en las colectivas.
Sobre esta realidad, además, se cierne otra: es la existencia, fruto de las mismas políticas neoliberales, de una burguesía que se ha fortalecido en torno a la propiedad de la tierra y la producción agropecuaria capitalista, que ha definido defender no sólo sus privilegios de clase, sino de un modo de vida profundamente arraigado en la población, a través del dominio territorial y el copamiento del Estado vía la administración de gobiernos autónomos. Y lo hace, tan a la medida del Gobierno, con doble discurso, pretendiéndose demócratas, pero construyendo el camino hacia el autoritarismo.
*Gustavo Luna es comunicador y trabaja en el Centro de Estudios para el Desarrollo Laboral y Agrario (CEDLA).
Acoso en el aire
En todos los vuelos que se realizan en el mundo —alrededor de 6.000 al día—, existe lamentablemente la posibilidad del acoso sexual a las azafatas por parte de los miles de pasajeros que utilizan el transporte aéreo, con alto índice si las azafatas son paradigmas de los modelos de Bottichelli.
El segundo sexo
Simone de Bouvoir, filósofa y escritora, fue fundadora del feminismo moderno y es la referencia más importante sobre dicha corriente. Este año se cumplen 100 años de su nacimiento y su obra sigue vigente. Tuvo dos seguidoras importantes: Betty Friedan con La Mística de la femineidad y Kate Millet con La política del sexo.
Los vetos salen de la caja de Pandora
Cuenta la mitología que Pandora, adornada por los dioses con todas las gracias, recibió de ellos una caja para que la entregara a Prometeo. El semidiós desconfió del regalo, pues sabía de la indignación de los dioses contra él, y no lo aceptó.
El mundo de las mil y una FIFAs
La última vez que escribí sobre el veto de la FIFA al estadio Hernando Siles terminaba afirmando que, aunque la conspiración se había conjurado circunstancialmente, había que esperar nuevas agresiones en el futuro.
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