Cuenta la mitología que Pandora, adornada por los dioses con todas las gracias, recibió de ellos una caja para que la entregara a Prometeo. El semidiós desconfió del regalo, pues sabía de la indignación de los dioses contra él, y no lo aceptó. Entonces, Pandora le ofreció a Epimeteo, hermano del anterior, quien lo tomó pero, al abrirlo, dejó escapar todas las calamidades y males que afligen a los hombres.
Otra vez, el señor Blatter y sus colaboradores, inmensamente preocupados por los riesgos que podrían correr los jugadores de fútbol venidos de tierras bajas en ciudades de altura, prohibió los encuentros internacionales sin previa aclimatación a más de 2.750 metros sobre el nivel del mar. La cifra espanta a cualquier europeo, pero algo se mitiga en el continente por la proximidad de esas regiones al ecuador. La medida, como la caja de Pandora, producirá daños en las zonas afectadas más que salvar futbolistas. No cabe duda, la prohibición se escuda en un asunto que aparentemente sólo tiene que ver con el fútbol, pero, si se mantiene, tendrá efectos no buscados, no queridos por nadie. Quitará competitividad, oportunidades de avanzar, a zonas del área, muchas de las cuales ya constituyen bolsones de pobreza crítica. No siempre fue así. Allí florecieron en el periodo precolombino altas culturas y más tarde, durante la Colonia y la República, importantes ciudades: Quito, Charcas, Potosí, La Paz, Cusco y otras, ahora ya perjudicadas por el manoseo de la altura.
La FIFA inquieta, como es su obligación, por el esfuerzo que hacen los jugadores, dicen las voces de brasileños, estrellas mundiales del deporte, en las canchas de los valles altos y planicies andinas donde, como revelan largas series estadísticas, no tuvieron jamás problemas serios. No es el caso de otros campos deportivos: desatiende desaprensivamente a millones de personas condenadas a no ver partidos internacionales, privadas de los incentivos para practicar deporte, en especial los niños y jóvenes. Pero además, y ahí radica el carácter perverso de la medida, en un lapso no muy amplio esas personas y sus regiones probablemente experimenten un desmejoramiento global de su situación económica y social, y de su capacidad de competir por el desarrollo. Sin duda, algunos escépticos, indiferentes o pragmáticos locales, digan que el panorama es exagerado o que el veto no les importa, pues se puede jugar en cualquier otro sitio. La ceguera hacia los acontecimientos pequeños, circunstanciales, pero preñados de futuro, ha sido frecuente en el país.
Qué espectáculo lamentable el de muchos compatriotas que, no acabada de anunciar la decisión de la FIFA, se lanzaron a apoderarse de los despojos de los perjudicados, como esos deudos apresurados que arrebatan los pequeños bienes del cadáver todavía caliente. Nadie niega el derecho a todos los pueblos del país a ver jugar a su selección, pero podrían tener el sentido de la oportunidad para hacer conocer sus reclamos.
Los deportistas de las zonas altas, como los habitantes de esos lugares, tienen sobradas razones para protestar contra la resolución, al descubrir una faceta odiosa de discriminación. El deporte es una actividad central de la vida moderna, alrededor de él florecen actividades de todo tipo. Limitar la práctica del fútbol pronto contagiará a otros deportes como el tenis, el baloncesto, el voleibol, la natación y, ¿por qué no hasta los partos? Supremo esfuerzo de la mujer.
Como ya se señaló, las ciudades en el mundo se libran a una lucha por captar los recursos humanos y financieros para el progreso, ofreciendo salud de calidad, educación de alto nivel, espectáculos de distinta naturaleza, transportes rápidos, áreas verdes y de esparcimiento para atraerlos. ¿Quién querrá venir a vivir o poner capitales en regiones donde a los habitantes se les ha despojado hasta de su calidad de humanos, situación que trae a la memoria momentos trágicos de la historia? ¿No fue la inhumanidad de las sedes de los encuentros uno de los argumentos esgrimidos para obtener el veto? ¿Cuánto perderemos todos y, en particular, las ciudades calificadas de riesgosas por su ubicación geográfica? Ir al Salar de Uyuni, a Tiwanaku o Cusco puede ser visto como una amenaza para la salud. Aunque quizá la intermediación de la Virgen brinde a los peregrinos del Santuario de Copacabana, una protección ignorada por la FIFA.
Durante siglos, se instalaron en ellas miles de hombres llegados de diferentes latitudes. Las guerras, los cataclismos los condujeron a estas tierras; felices de estar a salvo, no ponían mala cara a los tres mil y pico metros de altitud. En la casa de Ana Frank, un letrero recuerda que Bolivia fue uno de los países que recibió mayor cantidad de refugiados; casi todos residieron en La Paz, Oruro, Cochabamba. Y antes, otros europeos acosados por las malas condiciones de sus tierras o la situación política encontraron acá cobijo y amistad. El exilio de Rosas trajo a La Paz eminentes políticos, militares, escritores argentinos. Eso era antes de que el fútbol distancie a los pueblos. Antes de que los inconvenientes de patear la pelota que vuela rápido en estas canchas, ataje las posibilidades de desarrollo de potosinos, cusqueños, calameños. Sin ningún ánimo de pintar paisajes apocalípticos.
Personas interesadas han justificado su posición vendiendo al señor Blatter la idea de que correr tras la pelota en las alturas andinas puede conllevar peligros para la vida. Miles de partidos muestran lo contrario, ni siquiera todos ganados. Pero, ¿a quién interesa esos datos cuando en el tapete se juegan los intereses de los grandes equipos? ¿Habrá hinchas de Real Potosí, preguntamos alguna vez, que pueden llegar a un estadio europeo? Seguramente pocos, menos violentos y bulliciosos que los fanáticos argentinos o los hooligans ingleses. ¿Y? Con esas menudas preocupaciones vaya usted, a una ONG, no a la FIFA. Pero esta vez la brutalidad de la medida nos hará gritar en todos los foros donde se pueda. Felizmente, en la caja de Pandora quedó la esperanza.
*Salvador Romero P. es sociólogo.
Acoso en el aire
En todos los vuelos que se realizan en el mundo —alrededor de 6.000 al día—, existe lamentablemente la posibilidad del acoso sexual a las azafatas por parte de los miles de pasajeros que utilizan el transporte aéreo, con alto índice si las azafatas son paradigmas de los modelos de Bottichelli.
El segundo sexo
Simone de Bouvoir, filósofa y escritora, fue fundadora del feminismo moderno y es la referencia más importante sobre dicha corriente. Este año se cumplen 100 años de su nacimiento y su obra sigue vigente. Tuvo dos seguidoras importantes: Betty Friedan con La Mística de la femineidad y Kate Millet con La política del sexo.
Esa ilusa política
La debilidad del Gobierno es apenas un reflejo de cómo está la sociedad boliviana. Su incapacidad de organizar el ejercicio del poder es justamente la ausencia de un sujeto político concreto; se pensó que la "multitud" y su "desborde" eran la expresión de esa nueva subjetividad, aunque, seamos sinceros, de tan abstracta y gelatinosa que es en su concepción, no permite que se encarne en un programa político sólido y claro.
El mundo de las mil y una FIFAs
La última vez que escribí sobre el veto de la FIFA al estadio Hernando Siles terminaba afirmando que, aunque la conspiración se había conjurado circunstancialmente, había que esperar nuevas agresiones en el futuro.
Ediciones Anteriores
Encuesta del día
Como Fidel, sin ningún cambio
Mantendrá el socialismo pero flexibilizará la economía