Las instituciones no son organizaciones, tampoco edificios, son básicamente reglas, costumbres, normas de comportamiento. Sentimos que esas reglas y esa normas están muy quebrantadas y debilitadas. ¿Dónde está la institucionalidad del Tribunal Constitucional? Simplemente no existe, por tanto, no hay quien interprete la constitucionalidad o no de las leyes. ¿Dónde está el Poder Judicial? Está contra la pared, amedrentado por las acciones del Ejecutivo. ¿Qué ocurre con el Poder Legislativo? Está cercado cuando quiere deliberar, chicoteado por el poder gubernamental ¿Qué pasa con el poder electoral? También está debilitado y con serios cuestionamientos sobre su credibilidad. ¿Dónde está la institucionalidad de la Policía? Deambula por todas partes, repartiendo propaganda del gobierno, eludiendo el cumplimiento de sus obligaciones al dejar a los ciudadanos y diputadas a merced de la furia de la masa; camina en un ambiente donde ella no es creíble; además, está corroída por pugnas y corruptelas internas. ¿Dónde está la institucionalidad de las FFAA? Navega en aguas turbulentas cuando recibe cheques que violan la soberanía nacional, cuando dentro de ella hay discusiones sobre los repartos de los pluses venezolanos; su institucionalidad se ve amenazada en vez de velar por la soberanía, más bien apoya su violación. ¿Dónde está la magra institucionalidad del Poder Ejecutivo? Se debilita por la falta de expertise en el cumplimiento de sus competencias; está más corroída que antes, pues el clientelismo sindical, de los movimientos sociales o de algunas ONG, se ha apoderado de la administración pública. ¿Dónde está el Estado, si tiene validez en cuatro o seis departamentos del país? ¿Dónde está la Constituyente, como ejercicio de pensar un pacto social incluyente para todos los bolivianos, generando una visión de país y no sólo realizando un ejercicio —hecho a ocultas, en cuarteles— para intentar reproducir el poder de un partido que se cree eterno?
¿Dónde está la mirada estatal que vele por todos los bolivianos, cuando el Estado sólo quiere pensar en clave aymara?; ¿dónde está la soberanía alimentaria, cuando se apunta y atenta contra los que producen alimentos que, quiérase o no, generaron soberanía alimentaria, pues producen aceite, arroz, azúcar, carne, leche, pollos, soya? ¿Dónde está la palabra empeñada, cuando a ella se la sustituye por los dobles discursos? ¿Dónde está la credibilidad del diálogo, si el Señor Presidente se sienta en la mesa para oír las peticiones de sus interlocutores, pero simultáneamente aprueba decretos que matan el diálogo? ¿Dónde está la credibilidad y la palabra empeñada del Señor Vicepresidente, si al momento de discutir con los parlamentarios de oposición, los deja en cuarto intermedio para aprobar lo que desea, apoyado por el cerco al Parlamento? Por esas acciones, ¿dónde está la credibilidad del Estado?, ¿dónde está la ética en la política?
Da la impresión que el MAS es dueño absoluto del Estado, de un Estado que es cada vez más vacío, más inexistente que se desinstitucionaliza a paso acelerado. Esto significa que se trata de una crisis estatal y no solamente gubernamental.
*Carlos Toranzo R. es economista y analista político.
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