La crisis de confianza que afecta a la economía de Estados Unidos está causando impactos en América Latina. Como cualquier desequilibrio podrá tener también consecuencias políticas.
Sólo así se explica que el ministro brasileño de Hacienda, Guido Mántega, manifieste preocupación con la volatilidad de los mercados y la apreciación de la moneda de ese país frente al dólar. “El dólar se está derritiendo y debemos enfrentar ese problema”, dijo el ministro.
La atención puesta en lo que pasa en la economía de Estados Unidos no se debe a un sentimiento de solidaridad, sino a una preocupación genuina sobre los eventuales daños que podría causar en la economía nacional. La sobrevaluación del real, la moneda brasileña, ha conseguido detener una tendencia positiva, la obtención de importantes superávits en el comercio exterior. En los últimos meses la tendencia se invirtió, porque con moneda fuerte muchos industriales se animaron a ampliar y modernizar parques productivos, sin contar con el natural impulso de la población al consumo de productos importados.
A mediano plazo, el aumento de las importaciones y la caída de las exportaciones pueden representar un problema en la balanza de pagos. La sobrevaluación del real, por ejemplo, ha elevado a precios europeos gran parte de sus excedentes exportables, restándole competitividad.
El agravamiento de los desequilibrios representa un riesgo para las economías exportadoras de materias primas o alimentos, pues una recesión en Estados Unidos afectará a todos los países, desde la China hasta el Brasil. Ni qué decir de los productos industriales cuya demanda será la primera en caer. Se consumirá menos y los precios caerán.
Hoy, muchos economistas admiten que la crisis de confianza y el efecto de manada pueden causar un daño mayor que el de 1929, con todos los efectos sociales y políticos que eso supone.
Lo peor es que no se puede prever el desenlace, pero como alguien recordaba, los peores pronósticos se han confirmado y la intensidad de la crisis se está confirmando cada día que pasa. Los optimistas han tenido que reconocer que sus predicciones eran sólo optimismo.
Como en toda crisis de confianza, hay que esperar que la recuperación sea rápida y los daños sean mínimos.
Siete Palabras de Bolivia
En plena Semana Santa contemplo a Bolivia, crucificada por quienes pusieron el madero y quienes los clavos, ante la mirada confundida del pueblo, momentos en que nos dirige las Siete Palabras.
Debilitamiento institucional
Las instituciones no son organizaciones, tampoco edificios, son básicamente reglas, costumbres, normas de comportamiento. Sentimos que esas reglas y esa normas están muy quebrantadas y debilitadas. ¿Dónde está la institucionalidad del Tribunal Constitucional? Simplemente no existe, por tanto, no hay quien interprete la constitucionalidad o no de las leyes.
Exigir idiomas nativos es un desatino
Exigir el aprendizaje de aymara, guaraní y quechua en las escuelas normales de Bolivia es un desatino y hasta una aberración porque se trata de aprender algo poco útil, cuando lo que más necesitan los futuros profesores es aprender bien castellano, tanto el oral como el escrito, que dicho sea de paso hoy se muestra deficiente en casi todas las esferas del país.
¿Mordaza democrática?
Hace algunos meses el padre Eduardo Pérez Iribarne tuvo la gentileza de entrevistarme en su importante programa sabatino de Radio Fides, donde, además del invitado, estaban los politólogos “Voltio” Carvajal y Gonzalo Mendieta, ambos, guardando las diferencias de edad, personajes de alto vuelo y de gran conocimiento del país.
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Como Fidel, sin ningún cambio
Mantendrá el socialismo pero flexibilizará la economía