Los medios de comunicación relatan diariamente, hecho por hecho, los acontecimientos que configuran la interminable cadena de procesos políticos y sociales. Las crónicas nos permiten seguir los desarrollos de una serie de temas, algunos interminables o sin alteración significativa y otros que pueden acabar con un desenlace que los resuelve y decide de manera extraordinaria. Estos momentos son los que Stefan Zweig denomina “estelares”, pueden ser irrevocables y definir destinos para un individuo o toda una colectividad. Son dramáticamente concentrados, preñados de fatalidad, se comprimen en una única fecha, en una única hora o minuto y caracterizan una decisión destinada a persistir a lo largo de los tiempos.
Para evocar un par de momentos críticos recientes en la historia del país, que por cierto tiene muchos, nos podemos remontar a dos fechas: 9 de junio del 2005 y 24 de noviembre del 2006.
La primera nos traslada a los escenarios en los que actores del poder político definían el curso de la renuncia presentada por el entonces presidente de la República, Carlos Mesa Gisbert. En Sucre, el Congreso enfrentaba las contingencias de un escenario de violencia y convulsión social, movimientos policiales y militares impedían el inicio de sus sesiones y, en La Paz, el Gobierno evaluaba su propio escenario de gestiones políticas y diplomáticas frente a la inminente transición. En cuestión de pocas horas o minutos ocurrió el desenlace que cambiaría la historia: las sucesivas renuncias presentadas por los presidentes de las Cámaras de Senadores y Diputados definen la sucesión presidencial en favor del titular de la Corte Suprema de Justicia, según el orden constitucional. El momento del desenlace alteró el curso de un régimen y definió un nuevo tiempo en la aún frágil democracia.
La segunda tiene los mismos escenarios geográficos: la presidenta de la Asamblea Constituyente, Silvia Lazarte, convocaba a sesionar en instalaciones del Instituto Militar de la Glorieta, en las afueras de Sucre. La Asamblea, afectada por interminables desencuentros políticos, enfrentaba también un escenario de movilizaciones de vecinos de Sucre, cocaleros, e indígenas de occidente, con fuerte movilización policial y militar que no pudo evitar la confrontación que cobró muertos y heridos. Desde La Paz, el gobierno de Evo Morales conducía el desenlace de esa sesión. En cuestión de horas o minutos se produjo la decisión crítica: adoptar la instrucción de votar y aprobar un texto constitucional, no elaborado ni debatido. El momento alteró de manera irrevocable el curso de la Asamblea Constituyente y abrió dudas sobre la aprobación definitiva de una nueva Constitución pactada por y para todos los bolivianos.
Cuánta incertidumbre se cierne hoy sobre el desenlace del diálogo entre el Gobierno, las regiones y los actores políticos sobre los conflictos en torno a la nueva Constitución y las Autonomías bajo el auspicio de la Iglesia. Sus protagonistas tienen el desafío de concebir momentos fructíferos, en los que se aproveche la oportunidad para hacer efectiva la reconciliación que esperamos todos los bolivianos. De nada valdrá una historia de lamentos estériles frente a la ocasión perdida.
*Eduardo Rodríguez Veltzé es ex presidente de la República.
Exportar es morir
Fue Gonzalo Sánchez de Lozada quien propuso al país la consigna de “exportar o morir”. Entonces, el país meditó mucho, entendió el mensaje y decidió exportarlo a él.
¿Habrá diálogo?
Las manifestaciones de la fe cristiana en la Semana Santa atestiguan una raigambre católica incuestionable en una gran parte del pueblo boliviano. Hemos visto los templos llenos de fieles —aunque no tantos como antes—.
Pensando con el hígado
Todo indica que Bolivia se aproxima a velocidad de insensatez al fondo de la crisis institucional, estatal y política. También las variables macroeconómicas se están desajustando muy rápidamente. Una de ellas es la inflación, que parece incontrolable.
Si hoy Lucho Espinal estuviera vivo
Ayer, sábado 22 de marzo del 2008, se cumplieron 28 años del asesinato de Luis Espinal, en la madrugada de un sábado, durante el fugaz período democrático de Lidia Gueiler, entre los golpes militares de Natush Busch y de García Meza. Mañana, lunes, se cumplirán también 28 años del asesinato del obispo Óscar Romero miles de kilómetros más al norte, en El Salvador.
El último maldito
Curioso por el entusiasmo que despertó en Onetti, sobre el que escribo un ensayo, la primera novela de Céline, he vuelto a leer —¡después de casi medio siglo!— al último escritor “maldito” que produjo Francia. Como escribió panfletos antisemitas y fue simpatizante de Hitler, muchos se resisten a reconocer el talento de Louis-Ferdinand Céline (1894-1961).
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Como Fidel, sin ningún cambio
Mantendrá el socialismo pero flexibilizará la economía