Todo indica que Bolivia se aproxima a velocidad de insensatez al fondo de la crisis institucional, estatal y política. También las variables macroeconómicas se están desajustando muy rápidamente. Una de ellas es la inflación, que parece incontrolable. Se alcanzó una situación en la cual ya nos es mínimamente razonable o comprensible que continuemos “cuesta abajo en la rodada”. El fondo del pozo no es todavía ni el caos económico y social ni la miseria total, pero a partir de ahora el ritmo de caída del producto y la descomposición política e institucional se tenderán a acelerar y se pueden estar traspasando ciertos puntos desde los cuales ya no existe posibilidad de retorno. ¿Cuánto más es posible hundirse en la crisis? Lamentablemente, no existe límite para esto. Los países no desaparecen, pero tienden a languidecer patéticamente. Existen muchos ejemplos en África.
Utilicemos la teoría de juegos, una disciplina de las ciencias sociales que busca entender la racionalidad o irracionalidad de los actores económicos y sociales, en situaciones de interdependencia mutua, para entender la coyuntura actual. Qué duda cabe de que vamos a paso de parada con los puños en alto rumbo al fondo del agujero, que equivale a estar en una situación donde todos los actores sociales, económicos y políticos pierden. En la champa guerra de todos contra todos no hay ganadores, sólo existen perdedores: todos nosotros. Gobierno y oposición aplican la vieja estrategia del ojo por ojo y diente por diente. Golpe certero (proceso autonómico) al mentón oficialista. Éste responde con una patada (prohibición de exportaciones) en el bajo vientre de la oposición. Todo vale en el juego inútil de chorro morro colectivo. Bolivia está atrapada en un multidimensional dilema del prisionero, una especie de muyumuyu colectivo.
Describamos el juego que se conoce como el dilema del prisionero.
Dos malhechores han sido apresados por la Policía por un delito menor, pero se conoce que han cometido graves fechorías. La Policía los coloca en celdas separadas y no pueden comunicarse de ninguna manera. A ambos se les pide que “canten” sus graves delitos y se les propone el siguiente trato: Si ambos confiesan, cada uno es condenado a cinco años de cárcel (5,5). Si los dos no confiesan, se van presos por dos años por los robos menores (2,2). Ahora, si uno confiesa y el otro no, el que delata se va a la cárcel sólo por un año, mientras que el que no abre el pico se queda 10 años en la sombra. En la anterior matriz se resumen estas opciones. Los números antes de la coma corresponden a los años de cárcel para el prisionero A y los resultados a la derecha de la coma son para el prisionero B. ¿Qué se puede hacer en este caso? Si no hay un mínimo de confianza y la reputación de los actores es que no cumplen sus compromisos, la mejor alternativa es salvar el propio pellejo; la mejor estrategia es confesar, donde ambos pierden y van cinco años a la cárcel. Hasta ahora, éste es el camino que están siguiendo el gobierno y la oposición, por ejemplo. Pero existe una solución más racional e inteligente, que es la cooperación. Si ambos no abren la boca, les iría mucho mejor, se quedarían solamente dos años en la chirola. Para que este resultado se dé, se requiere de confianza mutua y credibilidad.
El dilema del prisionero ilustra la situación en la que se encuentran el gobierno y la oposición. Todos están bajo la lógica de la confrontación, que se traduce en pérdida —medida ésta en términos económicos o políticos— para todos y, lo que es peor, para el país. Bajo una estricta racionalidad económica, lo inteligente sería buscar una solución de concertación. Cooperar es lo racional para salir de la trampa del fondo del pozo y el muyumuyu general.
Vean, mis respetados lectores, que el anterior ejercicio no hace apelos patrióticos o alusivos a la democracia, o la hermandad, que pueden ser muy legítimos, para promover el acuerdo, tan sólo apela a la racionalidad del sentido de sobrevivencia de los actores.
En chino, la palabra crisis también significa oportunidad; ésta es una forma elegante de imaginarse que la luz que uno ve al final del túnel no es un tren en dirección contraria y sí una salida. El fondo del pozo puede ser el inicio o el fin; el camino a ser elegido depende de que nuestra élite política y social comprenda que la intolerancia y la falta de racionalidad han colocado a todos los bolivianos en la prisión de la pobreza, la exclusión y la inflación. Pensar con el hígado es el peor camino.
Lo inteligente sería buscar una solución de concertación. Cooperar es lo racional para salir de la trampa del fondo del pozo.
*Gonzalo Chávez es economista.
Exportar es morir
Fue Gonzalo Sánchez de Lozada quien propuso al país la consigna de “exportar o morir”. Entonces, el país meditó mucho, entendió el mensaje y decidió exportarlo a él.
¿Habrá diálogo?
Las manifestaciones de la fe cristiana en la Semana Santa atestiguan una raigambre católica incuestionable en una gran parte del pueblo boliviano. Hemos visto los templos llenos de fieles —aunque no tantos como antes—.
De historia y sus momentos
Los medios de comunicación relatan diariamente, hecho por hecho, los acontecimientos que configuran la interminable cadena de procesos políticos y sociales. Las crónicas nos permiten seguir los desarrollos de una serie de temas, algunos interminables o sin alteración significativa y otros que pueden acabar con un desenlace que los resuelve y decide de manera extraordinaria.
Si hoy Lucho Espinal estuviera vivo
Ayer, sábado 22 de marzo del 2008, se cumplieron 28 años del asesinato de Luis Espinal, en la madrugada de un sábado, durante el fugaz período democrático de Lidia Gueiler, entre los golpes militares de Natush Busch y de García Meza. Mañana, lunes, se cumplirán también 28 años del asesinato del obispo Óscar Romero miles de kilómetros más al norte, en El Salvador.
El último maldito
Curioso por el entusiasmo que despertó en Onetti, sobre el que escribo un ensayo, la primera novela de Céline, he vuelto a leer —¡después de casi medio siglo!— al último escritor “maldito” que produjo Francia. Como escribió panfletos antisemitas y fue simpatizante de Hitler, muchos se resisten a reconocer el talento de Louis-Ferdinand Céline (1894-1961).
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Como Fidel, sin ningún cambio
Mantendrá el socialismo pero flexibilizará la economía