En Punata, los profesores presentaban a los hijos de Atilio de Sucre Rodo como los descendientes del Gran Mariscal, poco a poco los pequeños se acostumbraron a la incredulidad de la gente.
Para María Teresa, tataratataranieta de Antonio José de Sucre, en Tarija era más fácil decir que eran familiares porque allí muchos conocen la historia, en la Perla del Valle la familia pasó inadvertida por ese aspecto y resaltó el gran espíritu formador de Atilio de Sucre, a quien reconocen como uno de los mejores educadores de la región.
A pesar del tiempo, “aún existen ojos ingenuos que al decir nuestro apellido quedan con la mirada fija y vuelven a preguntar ¿qué apellidas?”, contó Atilio de Sucre Montaño.
La descendencia trajo a algunos miembros parabienes, a otros conflictos, Julio no pasó inadvertido al prestar su servicio militar, “en el cuartel el teniente Uribe siempre me chocolateaba por el apellido, me decía que si era pariente del Mariscal, debía aguantar el castigo, así como él aguantó en las batallas”, contó.
Ahora los nietos de Atilio deberán enfrentar la incredulidad y según María Teresa, una de sus hijas ya tomó recaudos, “pidió la pila bautismal del tatarabuelo Pedro César para demostrar que sí es pariente del Mariscal de Ayacucho”. Redacción Cochabamba