Los cráneos prehispánicos que conserva el Museo Nacional de Arqueología, en La Paz, han sido analizados en una primera etapa por un equipo de paleopatología dental. Rosario Rovira, Juan Olmos y Pablo Rendón desarrollaron los estudios que han determinado la deformación cefálica intencionada que se aplicó en las personas cuyos restos llegaron al museo como parte de la colección de Fernando Díez de Medina.
“No se tiene una evidencia cierta de la época a la que pertenecieron, pero, por la característica en la morfología de los cráneos, éstos corresponden a periodos prehispánicos”, afirman los científicos. Los archivos del museo indican además que los cráneos provienen de yacimientos arqueológicos de La Paz: Tacahua (Viacha), Copacabana, Totora Curahuara y Tiwanaku, y Lecke-Polko en Oruro. Hay 25 sin registro de procedencia.
La metodología de craneoscopía y odontoscopía, así como el análisis tafonómico (estudio de los procesos de fosilización), estableció asimismo la prevalencia de patologías dentales y evidenció una relación del paladar con el tipo de deformación craneal.
Un problema que implican las donaciones de parte de coleccionistas particulares, explican los expertos, es la descontextualización de las piezas. En general, sólo cabe denominarlas “restos humanos prehispánicos”. Lo que no sucedería si su rescate se hubiese hecho según técnicas arqueológicas, bien documentadas. Con esta limitante, los estudios que se realizan actualmente dan pauta de la costumbre, entre los antiguos habitantes de lo que hoy es Bolivia, de la deformación artificial en la cabeza.
Esta práctica se extendió por un lapso de cinco mil años y con más énfasis en el continente americano, se argumenta. Fue suprimida por un decreto real por los conquistadores españoles. En la cultura maya, por ejemplo, fue parte de la vida cotidiana y se la consideró un arte. La deformación se hacía en niños menores de tres años, según dos técnicas. La primera, con unas tablillas anterior y posterior sujetadas por unas bandas duras que aplastaban el cráneo y lo alargaban, y la segunda, con cunas para bebés de madera o aparatos corporales que exigían la fijación del infante casi permanente, dando como resultado la configuración alta y ancha de la cabeza.
En los cráneos estudiados, se puede todavía apreciar el patrón de los aparatos utilizados que fueron en pocos casos las tablillas anteriores y posteriores sujetadas por las bandas que debieron ser gruesas y duras, y que deformaron los cráneos en forma tabular —aplanada— y ancha. En el segundo caso, es más fácil de apreciar que se utilizaron unas cofias o bandas gruesas que configuraron la deformación en forma circular sea oblicua o erecta.
Constatadas estas características, los científicos —dos odontólogos y un arqueólogo— identificaron el estado de salud-enfermedad de este grupo humano y los efectos de la deformación cefálica en el complejo bucomaxilofacial.
52 cráneos de la donación efectuada luego de 1976 fueron estudiados. Ocho están completos (con maxilar inferior) y muestran una cara donde la longitud predomina sobre el ancho; cinco cráneos tienen biprotrusión, 44 están incompletos y dos tienen trepanaciones uni y bilateral.
En 23 maxilares inferiores sueltos se observa una exagerada longitud máxilo-alveolar y grosor en los bordes inferiores, posiblemente para compensar el esfuerzo producto de la deformación intencional.
En este aspecto se vio que 16 cráneos exponen una característica circular erecta, 14 circular oblicua, 11 tabular erecta, cinco tabular oblicua y dos que aún se deben determinar pues su estado de fosilización es muy alto. Del grupo, sólo cuatro no habían sufrido deformación alguna y pertenecieron al sexo femenino.
Un detalle de las dolencias permite saber que los casos de caries, como desmineralización progresiva de los tejidos del diente, eran incipientes en los cráneos jóvenes y en molares e incisivos en el caso de los adultos.
En cuanto a enfermedades periodontales, es decir aquellas que de forma progresiva afectan las encías y la estructura de soporte de los dientes, por efecto de las bacterias, se evidenciaron casos leves en cráneos de jóvenes de 10 a 12 años, algunos más de nivel moderado y 35 casos con periodontitis avanzada y seis de desdentados totales por esta causa.
Otra patología detectada es la del desgaste severo de los dientes, normalmente vinculado con el tipo de alimentación. En 46 casos se apreciaron casos avanzados en molares, premolares y caninos, mientras que en seis cráneos de jóvenes se observó el desgaste moderado.
Como antecedente de este trabajo figura el que hicieron en 1976 Gerardo Céspedes y Víctor Hugo Villegas(†), que publicaron el libro Conceptos quirúrgicos de la patología ósea y dentaria en cráneos precolombinos de Bolivia. Con el método de la odontoscopía estudiaron 418 cráneos, de los cuales 327 eran del Museo Nacional de Arqueología (donaciones antes del 76), 60 del museo de Tiwanaku, 27 del Museo Municipal de Oruro y cuatro particulares. Además de constatar cráneos con trepanaciones, extracciones de dientes, gigantismo y enanismo dentario, se observó que la baja incidencia de caries se debía a la presencia de la phasa (mineral de origen volcánico), que estaba en su alimentación y que también se usaba en la limpieza de la boca.