Se puede decir que este libro contiene más preguntas que respuestas. Afirmar esto se ha convertido hoy en un lugar común y en una deleznable moda del momento —admite el autor HCF Mansilla en la introducción de Evitando los extremos sin claudicar en la intención crítica—, aunque, dice, tiene antecedentes en la filosofía de la Antigüedad clásica y en numerosas corrientes inspiradas en el escepticismo.
Con el nuevo libro, presentado la anterior semana en La Paz, el autor pretende iniciar la discusión de los “dilemas en torno a la filosofía de la historia”, con la intención de “cuestionar algunas certidumbres que se han sedimentado y consolidado en la mentalidad colectiva de muchas sociedades contemporáneas”.
El Tercer Mundo es uno de los escenarios (blancos) del filósofo boliviano en este afán de recurrir al sentido común crítico. “Se debe aseverar que numerosos modelos civilizatorios del Tercer Mundo están situados en un estadio histórico inferior con respecto a lo alcanzado en Europa Occidental”, afirma. Y añade que es en esa parte del mundo, a la que pertenece Bolivia, que se observa hoy “uno de los dilemas más importantes del presente, que consiste en la vinculación entre formas de nacionalismo identitario con modelos de socialismo autoritario”. El resultado “puede ser un totalitarismo suave, pero duradero y estable”.
Así, “desde el primer peronismo en Argentina (1943/1946-1955) hasta el llamado totalitarismo religioso en el ámbito islámico, pasando por formas constantes de caudillismo carismático, el Tercer Mundo exhibe a comienzos del siglo XXI un amplio abanico de regímenes que pueden desembocar en un totalitarismo abierto”. Algo que, como ocurrió en los países totalitarios de Europa, obedecería al desamparo y la atomización de los individuos, “a la espera ansiosa de la figura paternal-patriarcal que les enseñe sin muchas contemplaciones el sendero correcto”.
Tal la “patología de la modernidad”, para citar a Hannah Arendt, que HCF Mansilla profundiza en el texto publicado por Fundemos, la Universidad Mayor de San Andrés (UMSA) y Hanns Seidel Stiftung.