En su Cuarto Distrito, la Fuerza Naval forma navegantes y buzos abanderados de la causa marítima. En agua dulce, también hay marineros.
Texto: Liliana Carrillo V. Fotos: Nicolás Quinteros
Duele el mar. Tienes un sentimiento acá, un hueco en el corazón, que no sabes cómo llenar”. Ángel Churata Mamani estrenó hace tres meses el uniforme azul con cuello de ribetes blancos a juego con la toca. Orgulloso, es conscripto de la Base Naval Titicaca. “Un día, Bolivia va a recuperar su costa marítima y ahí estaremos los marineros”, asegura con la pasión de sus 17 años.
Esa es la misma pasión que siente hace casi tres décadas el capitán de navío Fernando Enríquez Gamarra: “Los miembros de la Fuerza Naval somos los abanderados de la reintegración marítima”, afirma. Hace un año volvió al que fue su primer destino como alférez y hoy es el comandante del Cuarto Distrito Naval, que tiene a su cargo cuatro unidades: los batallones de infantería de marina Independencia, en Chua, y Alianza, en Chawaya; la Base Naval Titicaca y el Centro de Instrucción de Buceo en Altura (CIBA), ambos con sede en San Pedro de Tiquina, a 117 kilómetros de la ciudad de La Paz.
En el estrecho que divide los pueblos de San Pedro y San Pablo, el lago Titicaca baña la base de ocho hectáreas que desde finales de los años 60 alberga al cuarto de los seis distritos de la Fuerza Naval. Antes fue un hotel prefectural del que sólo quedan senderos escoltados por grandes árboles. Patio de honor, barracas, canchas, oficinas y casas de oficiales arman el complejo militar. En las aguas, una flotilla de lanchas, catamaranes y el barco hospital “Tupac Katari”. Encallado, un museo con máquinas de heroicos nombres: “Mallku”, “Inti”, “Comando”, “Táctica”.
Ritos de la Armada
Cada mañana, nunca después de las 6.00, un oficial y dos marineros izan la bandera nacional. Al rito precede la ceremonia del Gallardete preparatorio en la que se eleva a media asta un pendón al son de pitos marineros. Éste es también el saludo a las grandes embarcaciones que surcan el Titicaca. “En la Naval nos distinguimos por las tradiciones que son únicas”, explica el comandante Enríquez.
“Es un gran orgullo ser escolta de la bandera”, cuenta Wilmer Mamani Villalba, marinero del segundo escalón del 2007. “Como soy antiguo ya he navegado por todo el lago, lindo es... Los monitos (nuevos conscriptos) ahora me respetan”, añade el joven nacido en Copacabana hace 20 años.
“Aquí, además de la instrucción militar, se enseña a los conscriptos a manejar un motor fuera de borda, a calafatear una embarcación, a desempeñarse en una unidad de servicio y a prestar apoyo a la sociedad civil”, señala el capitán de fragata Rubén Sandóval Oporto, comandante de la Unidad Naval Titicaca que cuenta en sus filas con 350 efectivos. “Les inculcamos el amor a la patria y la obligación de recuperar el mar de todo boliviano”, afirma el oficial que decidió ser marinero siendo aún niño, cuando conoció el océano, y de ello no se arrepintió en los últimos 23 años: “La Naval tiene prestigiosos profesionales que son la salvaguardia de la soberanía nacional, no sólo en occidente sino en los ríos de la Amazonia”, concluye.
Buzos de altura
“En las profundidades del lago, todo es diferente. Es como volar en el agua”. El capitán de fragata Ramiro Flores trata de describir el impulso que lo llevó hace décadas de Cochabamba al Titicaca. “El buceo es sólo para elegidos”, añade el comandante del Centro de Instrucción de Buceo en Altura. A esta unidad especial llegan postulantes de toda la Naval y de las otras fuerzas. “Realizamos tareas de búsqueda, salvación y rescate en todos los espejos de agua del país. También participamos en investigaciones científicas”. Y es que descender hasta 40 metros en el lago de mayor altura equivale a bucear a 70 metros a nivel del mar.
“La preparación para ser buzo es exigente, de un 100 por ciento de postulantes sólo el 30 por ciento termina el curso”, complementa el capitán de corbeta Marco Pedro Durán; quien no dudó en dejar su Sucre natal para enrolarse en la Naval; quería ser buzo. “Creo que la Armada es completa porque podemos operar en agua, en aire y en tierra”, afirma el instructor de varias generaciones de buzos militares y cuatro tandas de civiles, en los cursos especiales.
El anhelo compartido
En los próximos meses, la base Titicaca adiestrará a militares para su participación en las Fuerzas de paz en Haití. “Tendremos un papel fundamental” adelanta el comandante Enríquez. Cuando habla de sueños, sólo tiene un referente: “El mar... ese es progreso, vamos a volver el Pacífico, está cercano el día”.
Al conscripto Churata estos días le preocupa la jerga naval: ´Proa, adelante; popa, atrás. Estribor, derecha; babor, izquierda”, ensaya, mientras disfruta la camaradería compartida de Yupi con pan después del adiestramiento. Sólo a veces, la añoranza le invade y se vuelve promesa: “Hay que recuperar el mar, por eso soy marinero”.