¿Realmente Abaroa dijo “que se rinda su abuela...”? A dos meses de la defensa del puente Topáter, los periódicos de la época ya reflejaban versiones contradictorias sobre la célebre frase de Abaroa.
“HÉROE DE CALAMA” • Tanto bolivianos como chilenos han reconocido en él, al hombre y patriota que rechazó la invasión.
“¿Rendirme? ¡Que se rinda su abuela, carajo!”. Durante más de 100 años la frase se ha repetido de generación en generación, inmortalizando la figura de quien se llamó el “héroe de Calama”, Eduardo Abaroa. Sin embargo, ¿fue realmente esta frase la que él pronunció?, ¿gritó en particular la palabra “carajo”?
Ya en mayo de 1879, a dos meses de los sucesos de la defensa del puente Topáter, los periódicos de Bolivia y Chile abrieron una polémica sobre la frase, que hoy forma parte de la más reciente investigación del periodista y escritor Fernando Suárez, que ha indagado sobre los hechos de la Guerra del Pacífico en los medios escritos de la época en un trabajo que será publicado en los próximos meses.
El 25 de mayo de ese año, el historiador boliviano Eduardo Subieta publicó en la sección literaria del periódico El Industrial un relato sobre los últimos minutos de Abaroa en el combate de Calama. En la primera parte de su artículo "Episodios de la Guerra" alude que Abaroa pronunció la palabra “carajo”.
El relato es el siguiente: “Eran las once de aquel día que nunca los bolivianos llamaremos funesto, porque hay derrotas tan gloriosas como la victoria, cuando una de las muchas balas que llovían sobre el defensor del puente del Topáter, le hirió mortalmente en la garganta... Abaroa cayó reclinado sobre la puerta de la máquina del Topáter y en tal posición, dice un corresponsal, defendía aún su puesto, impidiendo el paso a los invasores... No abandonó su rifle al caer, lo sostenía con la mano izquierda, pero sin fuerzas ya para manejarlo. Los valientes agresores de Abaroa se precipitaron sobre aquel hombre caído, herido, desangrado, moribundo y bayoneta calada, le intimidaron rendición...
Entonces, aquel héroe invencible se incorporó con dificultad, quiso levantarse, hizo ademán de apuntar su rifle y no pudo, pero con voz que la muerte comenzaba a hacer trémula y que el valor y la indignación le daban energía, contestó a los chilenos estas palabras que ha recogido la historia y que la fama pregona. Palabras que pronunciadas en otra situación parecerían vulgares, en aquellos momentos eran sublimes, el reto más sarcástico y agresivo contra los invasores. '¿Rendirme?'..., dijo Abaroa. '¡Que se rinda su abuela……!' Y concluyó con una interjección enérgica (se refiere a la palabra 'carajo'), que no es lícito repetir por sublime que sea en los labios de un héroe moribundo, a quien no pueden vencer ni rendir, el número, la fuerza ni la muerte…”.
En su misma columna, Subieta recupera otra versión que apareció en el número 4 de los Intereses Americanos, periódico de Salta, que a su vez refiere una carta fechada en Calama sobre la muerte de Abaroa, que dice:
“¡Que cuadros tan tristes se prestaron a nuestra vista! En Topáter, en la misma puerta de entrada estaba el cadáver del que fue Eduardo Abaroa, del hombre que hizo juramento de vencer o morir, sin abandonar su puesto; sucedió lo segundo, murió de tres balas, dos en la cabeza, una en el lado del corazón.
Admiran aún los jefes el valor de este hombre, dicen que al primer tiro cayó en tierra, volvió a ponerse de pie y hacer fuego. Una segunda bala lo echó en tierra por segunda vez. En esto pasan el río los chilenos, se dirigen al lugar donde éste está, le intiman que entregue su rifle y contesta que sólo se desprenderá de él una vez que haya dejado de existir, es cuando le dieron el tercer tiro y murió”, dice el relato descrito en este periódico de la época de la población de Salta.