En cuatro oportunidades Bolivia estuvo cerca de retornar al Pacífico En 1895, Chile ofreció a Bolivia en bandeja de oro la cesión de Arica; en 1950, este país dijo estar “llano a buscar la fórmula para dar a Bolivia una salida al mar”; el “abrazo de Charaña“ y las negociaciones de 1987 fueron los intentos más próximos.
ABRAZO DE CHARAÑA • El histórico encuentro entre Banzer y Pinochet, que reabrió las relaciones entre los dos países.
Puede decirse que en los últimos 113 años, Bolivia estuvo cerca de lograr su ansiado retorno al Pacífico en cuatro oportunidades.
La primera en 1895, cuando todavía el clima del conflicto estaba latente, y Chile ofreció prácticamente en bandeja de oro la cesión de Arica y Tacna.
La segunda en 1950, producto de un intercambio de notas en las que Bolivia propuso ingresar en una negociación para resolver el “problema de la mediterraneidad sobre bases que consulten las recíprocas conveniencias... de ambos pueblos”, y Chile respondió que “está llano a entrar formalmente en una negociación directa destinada a buscar la fórmula que pueda hacer posible dar a Bolivia una salida propia y soberana al océano Pacífico”.
La tercera, quizás la que más esperanzas despertó en la población boliviana, fue el histórico “abrazo de Charaña”, en 1975, entre los ex presidentes Hugo Banzer y Augusto Pinochet.
Y, finalmente, en las gestiones de los cancilleres Guillermo Bedregal y Jaime del Valle, de Bolivia y Chile, respectivamente, que a pesar de una aceptación previa por parte de este último de la propuesta boliviana, no prosperaron por la intervención del propio Augusto Pinochet, quien aseguró que la negociación “fue un manejo apurado”, y que “Chile no se vende ni se transa”.
En las cuatro oportunidades, las negociaciones fracasaron por distintos motivos, desde aquellos meramente diplomáticos hasta injerencias periodísticas, como es el caso de las llamadas “notas de 1950”.
En otras oportunidades fueron equivocaciones en las que incurrieron los propios gobernantes, diplomáticos, intelectuales, congresistas y el propio pueblo boliviano. De una u otra forma, las enseñanzas que estos emprendimientos dejan, tienen características que se repiten y que el escritor y diplomático Wálter Montenegro llama “denominadores comunes”, como el hecho de que los bolivianos —dice— queramos recuperar nuestra salida al mar, pero no sabemos cuál es ni dónde está.
Oportunidades Perdidas es el nombre del libro de Montenegro que hace referencia a estos temas y que servirá de guía en esta incursión por la historia de las relaciones diplomáticas entre Bolivia y Chile, que si bien hoy se mantienen suspendidas, no tienen pie de tregua en tanto no se logre una solución definitiva al conflicto marítimo, cuya incidencia es regional.
En las cuatro oportunidades, las negociaciones fracasaron por distintos motivos, desde aquellos diplomáticos hasta injerencias periodísticas.
LAS GESTIONES DE 1895
Chile ofrece Arica y Tacna en bandeja de oro
Poco después de asumir el mando del país, a mediados de 1892, el conservador Mariano Baptista, por intermedio de su canciller, Severo Fernández Alonso, y su ministro plenipotenciario en Chile, Heriberto Gutiérrez, reabre la discusión con Chile a través de un documento titulado “Bases para un tratado de paz y comercio con la República de Chile”.
Producto de esta iniciativa, tres años después, el 18 de mayo de 1895, ambos países suscriben los proyectos de tres tratados, entre ellos el de Paz y Amistad y el de Transferencia de Territorios.
En el primero, Bolivia reconoce la soberanía de Chile sobre todo el litoral boliviano conquistado en la guerra de 1879. En el segundo, Chile se compromete a transferir a Bolivia los territorios de Tacna y Arica en caso de que adquiera “dominio y soberanía permanente” sobre los mismos. Si ello no sucede, “se compromete a ceder a Bolivia la caleta Vítor hasta la quebrada de Camarones u otra análoga, además, la suma de cinco millones de pesos de plata...”. Luego se realizó un protocolo complementario donde esta segunda oferta es considerada sólo como de “supletoria y de mera previsión”.
A pesar de la oferta, que puede entenderse como generosa de parte de Chile, más si se tiene en cuenta la situación aún tensa entre ambos países, el entonces canciller Emeterio Cano, en primera instancia, y los miembros del Congreso, después, abundaron en críticas.
Entre las observaciones, como relata Alberto Crespo Gutiérrez, sobresale la que sigue: “¿Convendrá a Bolivia formar causa común con Chile, que es una nación odiada por los países limítrofes?”. Tampoco faltó quien observó como insuficiente y poca cosa la oferta de la caleta Vítor e incluso de la misma Arica.
Finalmente, entre aclaraciones y aclaraciones de aclaraciones, los congresos de los dos países aprobaron los tratados, pero debido a las diferencias acabaron por dejarlos sin efecto. Lo que sí quedó vigente fue el tratado de Pacto de Tregua de 1884, un documento firmado entre vencedor y vencido, con todo lo que implica para el segundo.
No faltó quien observó como insuficiente y poca cosa la oferta de la caleta Vítor e incluso de la misma Arica.
LAS NOTAS DE 1950
¿El Titicaca y el Poopó a cambio del mar?
Desde las negociaciones de 1895 y hasta la primera mitad del siglo XX, fueron varias las oportunidades en las que Bolivia y Chile se sentaron en la mesa de la negociación. La reunión más importante fue, sin duda, la firma en Santiago del tratado de Paz y Amistad el 20 de octubre de 1904.
Años después, y en el intento de superar el desastre de 1904, otras misiones fueron iniciadas por personajes como Ricardo Jaimes Freyre, Alberto Ostria Gutiérrez o Fernando Guachalla.
Fue Ostria Gutiérrez uno de los protagonistas, el 1 de junio de 1950, de la primera de las célebres “notas del 50”, en la que propone ingresar en una negociación para resolver el “problema de la mediterraneidad de Bolivia sobre bases que consulten las recíprocas conveniencias... de ambos pueblos”.
La nota fue respondida por el canciller chileno Horacio Walker Larraín: “Mi gobierno... está llano a entrar formalmente en una negociación directa destinada a buscar la fórmula que pueda hacer posible dar a Bolivia una salida propia y soberana al océano Pacífico, y a Chile obtener las compensaciones que no tengan carácter territorial y que consulten efectivamente sus intereses”.
Como nunca más lo volverá a hacer, Chile descarta cualquier compensación territorial.
Cuando la negociación parecía caminar en terreno firme, se produjo una filtración periodística de la revista Ercilla de Chile, que publicó el contenido de las notas y especuló sobre un posible canje territorial a cambio de la franja en el norte de Arica “generosamente compensado” por los lagos Titicaca, Poopó y Coipasa.
La noticia fue un cataclismo en Bolivia. El 26 de junio, Franz Tamayo desafió: El pueblo paceño “desea conocer la cara del boliviano que públicamente responda que está dispuesto a entregar el lago Titicaca a Chile”.
Cuestionadas por la opinión pública producto de la publicación, las “notas del 50” quedaron sin efecto.
Años más tarde, luego de la controversia del río Lauca, cuyas aguas fueron desviadas por Chile en 1962, ambos países rompieron relaciones.
La revista Ercilla de Chile publicó el contenido de las notas y especuló sobre un posible canje territorial.
EL ABRAZO DE CHARAÑA, AÑO 1975
“Chile tiene la cadena y Perú el candado“
El 8 de febrero de 1975, Charaña fue el escenario del histórico “abrazo“ entre los entonces presidentes de Bolivia y Chile, Hugo Banzer y Augusto Pinochet, quienes suscribieron una declaración “normalizando las relaciones diplomáticas“ entre ambos países.
Para tal fin fue nombrado como embajador de Bolivia en Chile Guillermo Gutiérrez Vea Murguía, periodista y héroe del Chaco. En una de sus primeras intervenciones, Gutiérrez entregó al canciller chileno, Patricio Carvajal, la propuesta formal marítima boliviana.
En el documento se pide la “cesión a Bolivia de una costa marítima soberana entre la línea de la Concordia y el límite del radio urbano de la ciudad de Arica...“ y “de un territorio soberano de 50 km de extensión a lo largo de la costa y 15 km de profundidad en zonas apropiadas a determinarse, alternativamente próximas a Iquique, Antofagasta o Pisagua“.
La respuesta chilena se hizo conocer el 12 de diciembre de 1975. Entre los puntos sobresalientes destaca: que este país “estaría dispuesto a negociar con Bolivia la cesión de una franja del territorio al norte de Arica hasta la línea de la Concordia...“, pero “descarta, por ser inaceptable, la cesión de territorio al sur del límite indicado...“ Esto estaría condicionado “a un canje simultáneo de territorios... una superficie compensatoria equivalente, como mínimo, al área de tierra y mar cedida...´
Bolivia aceptó la cesión “de una costa marítima soberana... y se reservó la facultad de negociar las zonas que podrían ser objeto de un canje“.
Faltaba, empero, un escollo que superar: consultar al Perú respecto a la entrega de dicha franja territorial, ya que está situada sobre terrenos que fueron materia del protocolo de 1929.
Perú aceptó la propuesta de la franja territorial, pero estableciendo una soberanía compartida de los tres estados. Chile no aceptó y Bolivia rompió nuevamente las relaciones.
Queda así “oleada y sacramentada la frase que si bien Chile encadenó a Bolivia impidiéndole su salida al mar, el Perú tiene el candado“, asegura Wálter Montenegro.
Queda así oleada y sacramentada la frase: “Chile encadenó a Bolivia, pero el candado lo tiene el Perú“.
LAS GESTIONES BEDREGAL - LA VALLE, año 1987
“No es admisible... Chile no se vende ni se transa“
El último intento serio por negociar una salida soberana al océano Pacífico fue durante el cuarto gobierno de Víctor Paz y tuvo su momento cumbre el 21 de abril de 1987, durante una reunión en Montevideo de los cancilleres de Bolivia y Chile, Guillermo Bedregal y Jaime del Valle.
La propuesta boliviana en ese entonces se basó en una franja soberana y útil cedida por Chile con las siguientes delimitaciones. Límite norte: línea de la Concordia, actual límite entre Chile y Perú, hasta la intersección de la frontera boliviano-peruana en el hito quinto. Límite sur: del casco norte de la ciudad de Arica (incluido el puerto) hasta el primer puente del río Lluta, cruce de las rieles Arica – La Paz. Esto implicaba una superficie de 2.806 kilómetros cuadrados, una costa de 16 km y una distancia lineal de 135 km.
A cambio Bolivia ofreció irrigar la zona norte de Chile, lo que implicaba hacer desvíos, y favorecerla con recursos energéticos. Al respecto, Jorge Escobari Cusicanqui, aclaró entonces en el programa Detrás de las Noticias de la red PAT que Chile ya se beneficia de agua boliviana: del río Lauca desde 1962 y de las aguas del Silala desde 1908.
Finalmente, a pesar de la aceptación previa del canciller Valle, Chile consideró la propuesta como “no admisible“ en un clima de fuertes declaraciones del almirante chileno Toribio Merino y del propio presidente Pinochet, quien aseguró que la negociación “fue un manejo apurado“ y que “Chile no se vende ni se transa“.
El balde de agua fría fue respondido por Bedregal llamando “cobarde“ al Canciller chileno y con un minuto de silencio al mediodía del 11 de junio en todo el país.
A estos intentos siguieron otros, entre ellos la estrategia aprobada en el referéndum de julio del 2004 de “gas por mar“, durante el gobierno de Carlos Mesa, ungido como mandatario producto de la movilización de octubre del 2003, desatada, entre otras causas, por la oposición popular a una posible exportación de gas a Estados Unidos por un puerto chileno. Finalmente, gobiernos posteriores, como el actual, desestimaron la estrategia.
Bedregal respondió llamando “cobarde“ al Canciller chileno y con un minuto de silencio en todo el país.