“Por el momento, la soberanía no es una buena opción” LORETO CORREA, historiadora chilena, especialista en el tema marítimo. Vive en Santiago, pero radicó en Bolivia por 10 años, donde tuvo a Antonia, su hija.
Una visión abierta y con un mensaje de integración. Una voz autorizada y guiada por la experiencia de los hechos históricos. Una conversación de ida y vuelta con la historiadora chilena Loreto Correa, especialista en el tema marítimo y conocedora de las realidades de ambos países.
¿Por qué Bolivia y Chile no lograron hasta hoy superar el conflicto marítimo?
Porque los dos países ven el conflicto de distinta manera. Para Chile, el conflicto no existe como tal, por lo menos no desde 1904. Para Bolivia, en cambio, el conflicto sí existe y es ineludible. Históricamente esto siempre ha sido un diálogo de sordos.
¿Y cree que la manera de superar este “diálogo de sordos” sea revisar el Tratado de 1904?
Hay que meditar a profundidad hasta qué punto es dable hoy revisar un tratado firmado hace más de 100 años, en el tema jurídico todo está zanjado.
No cree que deba revisárselo...
En lo particular, sí. Lo que le presento son las posturas de los dos Estados, que dialogan en función a términos que no son modificables a corto plazo. Siento que en los últimos seis años se ha avanzado sobre estas bases. En el siglo XX, en cambio, Chile no estuvo dispuesto a ni siquiera escuchar. Bolivia, por su parte, cometió un error histórico inconmensurable al firmar el Tratado de 1904, lo hizo por presión de la propia élite boliviana. Fue un error del cual Bolivia no se ha hecho cargo...
Sobre la base de la historia de las relaciones entre ambos países, ¿cuándo cree que Bolivia estuvo más cerca de retornar al Pacífico?
Un error imperdonable fue firmar el Tratado de 1904. Bolivia hizo un pésimo negocio, aunque tuvo la oportunidad de negociar mejores condiciones hasta antes de definirse la posesión de Tacna y Arica, que hasta entonces no estaban incorporadas en el imaginario histórico chileno.
Se refiere a las negociaciones de 1895...
Correcto, ese era el momento, luego ambos países hemos venido dando palos de ciego.
Aunque hubo algunos otros hitos, como la Declaración de Charaña...
Ese fue un punto de inflexión que se dio en un marco extraordinario... El problema de fondo radica en el término “soberanía”. Si se negociara en virtud de una concesión territorial a cierta cantidad de años plazo, con administración boliviana al norte de Arica, Chile podría pensarlo.
¿Está diciendo que hay que postergar la aspiración soberana, como una manera de hallar una solución al conflicto?
La demanda de soberanía más que ayudar, entorpece (las negociaciones). La integración es necesaria, pero no sobre la base de un reclamo de soberanía, no es una buena opción, no ahora por lo menos, quizás sí en el futuro cuando las fronteras sean más tenues, como en Europa...
Historiadores de ambos países coinciden en que Chile, a diferencia de Bolivia, tuvo siempre la línea y el libreto claros respecto al tema marítimo...
Si uno analiza la postura boliviana posterior a la guerra, se ve que no hizo los esfuerzos suficientes para asentarse en el territorio ocupado. Chile, en cambio, aplicó una política de “chilenización” para sacar a bolivianos y peruanos de territorios que antes fueron suyos. En Bolivia, las élites siempre actuaron de manera muy cortoplacista.
¿Y esta realidad actualmente ha cambiado?
Hay un cambio positivo en las élites intelectuales chilenas, pero pasará por lo menos un par de décadas hasta que este discurso pase al imaginario colectivo. En Bolivia hay dos vertientes: la nacionalista, que habla de reivindicación de una manera muy poco conciliadora, y de quienes quieren dejar las cosas tal como están, eso no ayuda a nadie. Hay algunas regiones, como el oriente, a las que les interesa menos tener acceso al mar porque no lo tuvieron nunca...
¿Piensa que en Bolivia es momento de abanderar una posición agresiva respecto al mar?
Sería el peor error que cometa Bolivia; tomar la bandera de la lucha sería el argumento que Chile menos oiría.
Sucedió con la política “gas por mar...”.
El error fue plantear esta política como se la hizo, sin dejar satisfecho a nadie; anteponer los recursos económicos a un potencial canje territorial es como cambiar pepitas de oro por cristales de colores. Sin considerar que en Bolivia la política interna trasciende, va más allá de la política externa.
¿Pero no considera que el tema marítimo va más allá de la crisis política?
El tema marítimo es un problema político y debe resolverse en ese marco; no puede plantearse una solución económica a un tema político. Más aún cuando se sabe que, quizás muy astutamente, Chile firmó un tratado en el que hipotecó cualquier tipo de solución a beneplácito peruano.
¿Cree que el Perú es, como han dicho muchos diplomáticos bolivianos, un “candado” en las negociaciones bilaterales entre Bolivia y Chile, como sucedió en 1975 con el llamado abrazo de Charaña?
Creo que sí, y muy contrariamente a lo que muchos bolivianos piensan, Perú juega a dos bandas cuidando sus intereses. No entiendo por qué lo hace si no va a extender sus fronteras. Yo personalmente levantaría la restricción (artículo 1 del Protocolo complementario de 1929), no me interesaría seguir teniendo la llave del candado, que pone a Bolivia en el medio.
¿A pesar de su cercanía histórica y cultural?
Hay un juego bastante perverso al respecto. Hoy, con quien converso asegura que para Chile sería mejor limitar con Bolivia que con Perú. Los dos tratados (el de 1904 y el firmado con Perú) no han sido muy acertados para la integración regional.
Ahora que lo menciona, ¿cuánto afecta a la integración el problema marítimo?
En la historia hay una suerte de lejanía que no pudimos superar entre los tres países, falta de solidaridad y hay un seudo racismo...
¿Seudoracismo?
Es un seudo racismo triple, que no proviene sólo de Chile. Si estuviese en el lado peruano diría que “los rotos del sur nos quitaron Arica”; si me pongo de parte del Palacio Quemado diría que “los chilenos se creen superiores”. Es el juego de la descalificación mutua, una política de resquemor que no ayuda a la integración, peor aún si no hay proyectos en conjunto para superar esta realidad imaginaria. Los tres países son culpables.
Según usted, ¿cuál es la fórmula más viable para que Bolivia recupere su cualidad marítima?
El corredor al norte de Arica es la mejor opción tanto para Chile como para Bolivia, pero no con soberanía. Yo plantearía un comodato y observaría cómo funciona por algunas décadas. En él aplicaría una estrategia tripartita de desarrollo, aunque no de administración de los tres países. Debemos entender que nuestros peores problemas no provienen de la soberanía marítima ni de la expansión chilena; nuestro principal problema es la pobreza.
¿Qué piensa de la “diplomacia de los pueblos”?
Creo que contribuye a la integración, pero no a la reivindicación marítima...
PERFIL DE CORREA
La mujer y la madre • Loreto Correa es chilena. Vivió 10 años en Bolivia, en la ciudad de Santa Cruz, donde tuvo a Antonia Ignacia. Ambas radican hoy en Santiago. “Bolivia es como mi segunda casa”, dice la historiadora, que se declara abiertamente impulsora de la integración de ambos pueblos.
La profesional • Es licenciada en historia por la Universidad de Chile. Magister en historia de América, también de la U de Chile y la Universidad de Andalucía. Próxima a doctorarse con el tema “La guerra de Chile contra la confederación Perú-Boliviana”. Hace poco terminó, junto a otros de sus colegas, una investigación sobre el Tratado de 1904.