Fue un viernes 14 de febrero de 1879 que las tropas chilenas llegaron a Antofagasta en el buque blindado de guerra Lord Cochrane y la corbeta O'Higgins. Comenzaba así la invasión a tierras bolivianas. La reacción de las diezmadas tropas locales fue defender el territorio arrebatado en una guerra desigual, donde destacaron patriotas como Eduardo Abaroa, que se inmoló ante las tropas enemigas en la defensa del puente del Topáter. Han pasado 129 años y Bolivia no ha renunciado a su derecho a reclamar una salida soberana al mar. Poblaciones como Antofagasta, Mejillones y Calama poseen hoy como antes las riquezas que sustentan la economía chilena —el cobre, el salitre y el guano—, y que en su momento fueron bolivianas.