Desde el año 2000 se da una crisis de paradigma: el neoliberalismo, como forma estatal, y la colonialidad, como forma de la estructuración social, no sólo son cuestionados sino dejan de ser una creencia colectiva, y se genera —como diría René Zabaleta— un vaciamiento ideológico donde la gente deja dispuesta una sustitución de la nueva emisión ideológica.
El 2005, con el triunfo del MAS, se creía que dicho vaciamiento sería sustituido con un paradigma totalmente distinto al paradigma neoliberal y colonial. La masa votante del MAS esperó que todas las instituciones antiguas podrían ser destruidas democráticamente; la ideología de descolonización y comunitario sería una nueva creencia colectiva. Existía la condición de disponibilidad colectiva para asumir el nuevo reto, ya que los agentes de la antigua estructura estaban totalmente diezmados, desarticulados y, fundamentalmente, sin líderes nacionales.
La nacionalización de los recursos naturales, la nueva reforma agraria, el fortalecimiento de agentes económicos no capitalistas, un mercado interno fortalecido e instituciones burocráticas totalmente descolonizadas era el paquete esperado por el pueblo. Sin embargo, tras el primer año de gobierno, al parecer, gobierno y pueblo toman caminos distintos. Quizá, los que acompañaron a Evo Morales no estaban convencidos del proyecto popular indígena.
Para las grandes transformaciones, el propio gobierno se había puesto su soga al cuello en dos sentidos: a) Elaborar una ley de convocatoria para la elección de los constituyentes, dos por mayoría y uno por minoría. En esa situación era imposible obtener dos tercios de voto para la aprobación de la Constitución, que es el escenario de transformación real. b) Poner en el Poder Ejecutivo a gran parte de la gente que no comulga con los proyectos de transformación. De ahí que el gobierno cabalga en la paradoja de un discurso de transformación, protagonizado por el Presidente, y una acción de los ministerios sólo dedicados a la administración del aparato estatal que dejó la antigua estructura colonial y el neoliberalismo.
La burguesía terrateniente supo aprovechar muy bien estas dos debilidades para su recomposición. Por esta vez, desde las regiones, disputar el excedente económico a través de la consolación de los estatutos autonómicos. La disputa no es la independencia de las regiones autonómicas, sino el control absoluto de los recursos y la continuidad de su explotación bajo el antiguo paradigma terrateniente y especulador. En este sentido, la autonomía, entendida como descentralización de la administración, no está en discusión, sino el control y la retención del excedente. Por eso, plantear autonomía en La Paz, Oruro y Potosí es totalmente distinto que en las regiones donde no se ha materializado la reforma agraria, allí donde se han potenciado como el corazón del capitalismo.
Lo que hay que destacar de esta fuerza social es que sus actores han sido muy consecuentes con su lucha. Sabían que se trataba de una pulseta política y, por supuesto, para ello valen todos los medios. Esto no lo hizo el Gobierno desde el principio; eso fue su gran error, y no se sabe si por falta de experiencia o de manera intencionada por parte de los colaboradores del presidente Evo Morales.
*Félix Patzi es sociólogo y fue ministro de Educación (2006 - 2007).
Luis Espinal
Hace 28 años que nuestro hermano Luis Espinal fue secuestrado, torturado y asesinado en la ciudad de La Paz. Su testimonio es el de un ciudadano comprometido con su pueblo, “gastando la vida” sin “falsas prudencias”, luchando por la verdad y la vida.
Había sido verdad…
Queriendo aportar siempre —para vivir mejor— mi columna del 30 de julio del 2007 inquiría: “¿Y si fuera verdad?”; pregunta que, seguida de otras 16, me reportó un buen consejo de mi editora de cara al futuro, así como generosos comentarios de quienes leyeron el artículo.
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Mantendrá el socialismo pero flexibilizará la economía