Hace 28 años que nuestro hermano Luis Espinal fue secuestrado, torturado y asesinado en la ciudad de La Paz. Su testimonio es el de un ciudadano comprometido con su pueblo, “gastando la vida” sin “falsas prudencias”, luchando por la verdad y la vida. Y su ejemplo de entrega continúa siendo semilla de inspiración en miles de ciudadanos que, iluminados por su vida, hoy no cesan en su lucha por cambiar las estructuras de muerte y de injusticia que imperan en la sociedad.
Y quizá el recuerdo de Luis Espinal puede ser un llamado a nuestra conciencia para “no acostumbrarnos”, permaneciendo pasivos delante de nuestras injusticias. “Señor, tenemos la costumbre de acostumbrarnos a todo: aún lo más hiriente nos oxida”. Y esta pasividad ciudadana genera las más tristes injusticias, aquellas que tanto el sistema político como el social o el económico las considera casi naturales.
Al contrario, el martirio de Luis Espinal es un llamado a estar atentos y diligentes en la construcción del proyecto de Dios y de la humanidad: un mundo nuevo, donde brille la justicia y la paz. “Señor, refuérzanos el amor. Danos un cariño explosivo, que no se gaste en sensibilidad, sino en acción. Nos dan miedo los planes, las frases. Porque se quedan en palabras. Y a nuestro alrededor, sigue el frío y la noche. Desmigájanos en amor”.
De esta forma Luis Espinal será siempre esa antorcha que solamente alumbra cuando se quema, un llamado a comprometernos no solamente en las cosas grandiosas, sino también en las más pequeñas, en aquellas que muchas veces les damos muy poco valor: “gastar la vida no se hace con gastos ampulosos, y falsa teatralidad. La vida se da sencillamente, sin publicidad, como el agua de la vertiente, como la madre da el pecho a su wawa, como el sudor humilde del sembrador”.
Luis Espinal es el anuncio de una buena noticia en un mundo que muchas veces ha dejado de creer en sí mismo, una luz en medio de nuestro caminar ante el futuro que muchas veces aparece incierto. “Señor, te brindamos el futuro, como los gladiadores en la arena. Al ofrecerte nuestro futuro desconocido, lo sacrificamos todo, y nos confiamos plenamente. Te consagramos todas nuestras posibilidades, todos los dolores, todo nuestro ser para que el futuro lo convierta en amor”.
Es así que las “oraciones a quemarropa” de Luis Espinal nos vuelven a encender el deseo de luchar por esas utopías cada vez más desprestigiadas, por creer que otro mundo es posible. Nuestra sociedad necesita profetas como Luis Espinal, profetas de la denuncia de toda forma de injusticia y explotación, pero también del anuncio de la victoria final de la justicia y la vida. Luis Espinal seguirá inspirando este país que él mismo ayudó a construir.
*René Cardozo es sacerdote jesuita y diplomado del Instituto de Estudios Políticos de París.
Se perdió el norte
Desde el año 2000 se da una crisis de paradigma: el neoliberalismo, como forma estatal, y la colonialidad, como forma de la estructuración social, no sólo son cuestionados sino dejan de ser una creencia colectiva, y se genera —como diría René Zabaleta— un vaciamiento ideológico donde la gente deja dispuesta una sustitución de la nueva emisión ideológica.
Había sido verdad…
Queriendo aportar siempre —para vivir mejor— mi columna del 30 de julio del 2007 inquiría: “¿Y si fuera verdad?”; pregunta que, seguida de otras 16, me reportó un buen consejo de mi editora de cara al futuro, así como generosos comentarios de quienes leyeron el artículo.
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Como Fidel, sin ningún cambio
Mantendrá el socialismo pero flexibilizará la economía