Queriendo aportar siempre —para vivir mejor— mi columna del 30 de julio del 2007 inquiría: “¿Y si fuera verdad?”; pregunta que, seguida de otras 16, me reportó un buen consejo de mi editora de cara al futuro, así como generosos comentarios de quienes leyeron el artículo.
Transcurridos siete meses, y viendo el nerviosismo y la impotencia de las autoridades ante el proceso inflacionario, decidí contrastar aquellas reflexiones con la situación actual, comprobando con fuentes serias como la FAO que lo pronosticado ¡había sido verdad!
La subida de precios de los alimentos no es una exclusividad de Bolivia, es mundial, y tiene que ver con el cambio climático global: primero, como defecto, mermando su producción con inundaciones y sequías (El Niño y La Niña, que nuestros servidores públicos tardaron en comprender); y, segundo, como virtud, promoviendo la búsqueda de fuentes energéticas renovables y menos contaminantes. En este contexto los biocombustibles aparecen como una clara alternativa a los combustibles fósiles —v.gr. petróleo— si bien con alguna influencia en la subida del precio de ciertos alimentos, algo que no necesariamente debiera ser así. De hecho, Bolivia podría dar un buen ejemplo si hace bien su tarea.
Todo indica que, mientras no haya mejores opciones, “los biocombustibles vinieron para quedarse”. Datos de la Secretaría de Agricultura de la Argentina dan cuenta, por ejemplo, que ese país pasó de exportar 6.000 toneladas de biodiesel en el 2006, a la friolera de 319.000 toneladas el pasado año; en tanto que Brasil sigue como líder mundial del etanol a partir de la caña de azúcar, con 20.000 millones de litros producidos el año 2007. Pese a tan colosales logros, estos países no se preocupan por la inflación o la escasez como Bolivia —que no produce biocombustibles— porque saben conjugar bien lo energético y lo alimentario. Por tanto, si en Bolivia nos despojáramos de los mitos y concibiéramos una estrategia para el desarrollo de biocombustibles que garantizaran más divisas por exportación, más empleos e ingresos para los bolivianos, más producción de alimentos para disminuir nuestra dependencia de importaciones, por ejemplo, de trigo; y si esto se realizara de forma económica, medioambiental y socialmente responsable, ¿qué nos impide hacerlo?
Es lamentable que la desinformación lleve a unos pocos “asesores esclarecidos” a equivocarse tanto, perjudicando la generación de empleos y alimentos en el país; mientras que otros transitan felices por la senda del pragmatismo, como informa la prensa internacional: Venezuela construye en silencio varias plantas de etanol en su país, y financiará la producción de etanol en Petrocaribe, mientras que Ecuador decidió apostar por 100.000 nuevas hectáreas de caña de azúcar con igual propósito. ¡Estos son los ejemplos “ALBÁnicos y TCPeónicos” que deberíamos imitar, y no otros!
*Gary A. Rodríguez A. es economista y gerente general del IBCE.
Se perdió el norte
Desde el año 2000 se da una crisis de paradigma: el neoliberalismo, como forma estatal, y la colonialidad, como forma de la estructuración social, no sólo son cuestionados sino dejan de ser una creencia colectiva, y se genera —como diría René Zabaleta— un vaciamiento ideológico donde la gente deja dispuesta una sustitución de la nueva emisión ideológica.
Luis Espinal
Hace 28 años que nuestro hermano Luis Espinal fue secuestrado, torturado y asesinado en la ciudad de La Paz. Su testimonio es el de un ciudadano comprometido con su pueblo, “gastando la vida” sin “falsas prudencias”, luchando por la verdad y la vida.
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Como Fidel, sin ningún cambio
Mantendrá el socialismo pero flexibilizará la economía