Dilecto(a) lector(a): Tenga usted la gentileza de volver al título y leerlo en sentido inverso.
Como el cerebro tiende a ordenar lógicamente los signos, con seguridad que se ha sorprendido de leer la misma oración. En realidad no se trata de algo singular; construcciones lúdicas de esta naturaleza las hay por cientos, cada día aparecen nuevas y la del título es mi último, además de modesto, aporte a las mismas.
Técnicamente hablando, vocablos, frases y oraciones de tal guisa se denominan palíndromos aunque popularmente se los conoce como palabras o frases ´capicúa´. Una versión más desarrollada de éstos —un pequeño poema, por ejemplo— puede llegar a ser considerada como verso sotádico, denominativo que deriva de Sótades de Marinea, quien hacia el siglo III a.C. se ganaba la vida creándolos.
En principio, esto de Evo no ve formaba parte de un palíndromo más complejo: Adán, Evo no ve nada, pero sucede que lo que gana en extensión lo pierde en sentido y he preferido sacrificar lo primero a favor de lo último; ya veremos por qué (salta a la vista, sin embargo). La versión larga, no obstante, nos remite a una imagen por demás emblemática, la del paraíso terrenal bíblico, aunque en una interpretación poco ortodoxa —Adán y Evo— que, según se dice, estaría circulando por una céntrica edificación estatal. De todos modos, no deja de ser sugerente la figura de Dios diciéndole a Adán que Evo no ve nada. A propósito, mi amiga María Galindo tiene su propia versión del asunto —Adana y Eva— con la diferencia de que ella la asume abiertamente.
Al punto. ¿Por qué Evo no ve? Por la sencilla razón de que, a diferencia del resto del universo palíndromo, éste no es sólo obra de ingenio o divertimento, ni una frase sin sentido ni contexto como lo son la generalidad de las frases capicúa. En efecto, ¿qué son sino ocurrencias como trazó mal a Mozart, ¡otro coito, tío corto! o encausado cínico da su acné?
Evo no ve es un enunciado en sentido estricto: tiene sentido y está en contexto. De paso es una premisa verdadera. ¿Qué es lo que Evo no ve? Un estadista es un líder político provisto de visión global, lo que le permite ´ver´ las posibles consecuencias de palabras que vaya a pronunciar o actos que fuera a realizar. El Presidente no posee esta virtud; como lo escribí hace unos meses, la máxima extensión de su vista es la de su apéndice nasal. En el orden más general, ni él ni su muchachada —decía entonces— tienen ´visión país´ y sólo poseen ´visión nariz´.
Evo no ve tiene, además, un valor metafórico innegable: desde donde se lo mire, el hombre carece de la principal cualidad de un estadista, visión, y el que paga las consecuencias de esta carencia es el país, hoy sumido en una crisis de Estado.
Afortunadamente, mañana, Evo no ve será una simple —simplísima— frase capicúa que los niños leerán, risueños, al derecho y al revés. Ésta parece ser la ruta natural.
*Puka Reyesvilla es docente universitario.
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