Cuando un grupo social, desde un núcleo familiar hasta un continente, debilita o hasta pierde los valores que permiten la convivencia, se convierte simplemente en un campo de batalla en el que gana el más audaz, el más fuerte o el más ladino. Los códigos de conducta, responsabilidad y en especial los de comportamiento social, debidamente incorporados por cada uno de nosotros, demuestran ser esenciales para nuestra conducta como humanos. Esos códigos han demostrado no ser intercambiables con la testosterona como derecho, con una legislación draconiana o una policía que interviene en la vida cotidiana. Recuperar la sensatez humana fue el papel de la OEA en la reciente ‘sobre-reacción’ andina.
Cuba no funciona como sociedad, dentro de sus fuertes limitaciones productivas y de libertades individuales, por el hecho de que los disidentes estén en la cárcel, los CDR (Comités de Defensa de la Revolución) examinen ideológicamente la actuación de cada vecino o porque los soviéticos les hubieran inyectado miles de millones de dólares. Funciona como sociedad, porque hay una igualdad alegre para todos, casi sin excepción y por un liderazgo amoroso de su caudillo único, así Fidel no lo quiera reconocer. Venezuela, que intenta imitarla, tiene la mejor ‘policía económica’ que persigue, por ejemplo, los ‘crímenes productivos y comerciales’, mientras el país sobrevive gracias al mercado negro de los suministros más esenciales. Todos reconocen el odio y la corrupción del sistema, más aún, se nutren económicamente de ésta, con lo cual sobra plata mientras nadie produce y falta qué comprar. Es una sociedad en la cual la moralidad social está siendo reemplazada por el premio al grupo dominante y al odio. Ese mismo espíritu generó el genocidio de Rwanda y Burundi con ‘razas’ de Tutsis y Hutus, inventadas como los ‘epsilons’ de Huxley, por los colonizadores belgas. En Sudán asistimos a un espectáculo étnico similar.
La fuente de este peregrino cambio de muchas sociedades excluyentes estriba en algo que se ha denominado la ‘sobre-reacción social’. Cuando “al otro”, al diverso, se lo excluye o aun se lo ajusticia en vez de amarlo y entender su valor. En Alemania asesinamos a los judíos por tener otro ancestro, así fueran más alemanes que los prusianos, unos recién llegados a Germania. Las sociedades se auto-digieren a sí mismas mientras creen purificarse. Aprobar una Constitución, un contrato social, a puerta cerrada o mecanismos de autonomía libertaria, decisiones y medidas cotidianas, aunque parezcan procesos de orden político de profunda justicia, están minando las normas de convivencia aceptadas. El género humano se diferencia de los demás primates por haber desarrollado una conciencia de convivencia basada en “la aceptación del otro como legítimo otro”: el amor.
*Jorge Zapp es consultor internacional.
Pecados de los desmemoriados
Después de más de 30 muertos en la gestión de Evo Morales, el día de ayer en Camiri se han producido los primeros heridos civiles frente a la intervención de las Fuerzas Armadas.
Drama de la educación superior privada
¿Tiene usted algún dinero para invertir y no sabe en qué? Hágame caso: abra una universidad o centro educativo de lo que sea. Le irá muy bien. La universidad privada es el mejor negocio de los últimos tiempos. Se basa en la gran demanda que existe por la capacitación. Existe el convencimiento, entre la gente joven, de que la llave del éxito radica en algún tipo de educación.
En el nombre del pavo
Entre las cosas americanas que renominaron los conquistadores españoles, pocas tan mal bautizadas como la papa, el ananás y el guajolote. A la primera la llamaron patata, por despiste con la batata dulce; a la segunda le pusieron piña, porque su aspecto les recordaba el de la fruta del pino; y al tercero lo inscribieron en la culinaria como pavo.
Carne de burro
La guerra económica que se ha desatado contra el oriente boliviano parece que, al margen del aceite, el arroz, el azúcar y otros productos de la canasta familiar, también pretende sustituir la carne del ganado vacuno por el burro.
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Como Fidel, sin ningún cambio
Mantendrá el socialismo pero flexibilizará la economía