¿Tiene usted algún dinero para invertir y no sabe en qué? Hágame caso: abra una universidad o centro educativo de lo que sea. Le irá muy bien. La universidad privada es el mejor negocio de los últimos tiempos. Se basa en la gran demanda que existe por la capacitación. Existe el convencimiento, entre la gente joven, de que la llave del éxito radica en algún tipo de educación. Y, por supuesto, esto ha dado lugar a la aparición de un puñado de gente perspicaz que, con algo de capital y bastante osadía, se ha lanzado en una frenética carrera por la preferencia de jóvenes en busca de oportunidades de trabajo.
El problema radica, sin embargo, en el hecho de que el afán de lucro ha desplazado al de formar buenos profesionales en la cantidad apropiada que la sociedad pueda razonablemente absorber. Existe, además, un total desorden en la legislación, que se supone debería regular el funcionamiento de estos centros educativos. En otras palabras, la mayoría de estos centros funcionan sin ningún tipo de fiscalización de autoridad competente. Prueba de esto es que se comete una serie de irregularidades:
1.- No existe un estudio serio, que debería partir de las autoridades de gobierno, sobre la demanda real para los profesionales que se gradúan cada año del sistema universitario. El resultado es que las universidades producen anualmente una enorme cantidad de graduados y egresados que, en su mayoría, tienen dificultades en hallar trabajo.
2.- Tampoco existe un estudio serio sobre la clase de graduados que el sistema necesita. El resultado es un excesivo número de profesionales graduados en las carreras académicas convencionales, como ser licenciados en diferentes disciplinas, doctores e ingenieros. Las evidencias sugieren que lo que en realidad el sistema está necesitando cada vez más son graduados en carreras técnicas. Prueba de esto es que un gran porcentaje de profesionales desempleados está en el área académica (licenciados, doctores, etc.), mientras que el desempleo disminuye sustancialmente entre gente con títulos técnicos (en informática, por ejemplo).
3.- En su afán de obtener el mayor lucro posible, las universidades optan por aplicar una pésima política en materia de Recursos Humanos. Contratan docentes a destajo y bajo contratos temporales fuera de norma, pagando pésimos sueldos bajo el convencimiento de que éstos pueden ser fácilmente conseguidos de la calle y por ende utilizados como piezas intercambiables. Por ahorrarse unos pesos, y haciendo gala de una falta de respeto, contratan y despiden docentes de acuerdo al calor de decisiones precipitadas que tienen más que ver con reclutar el mayor número de estudiantes que con aplicar un nivel más alto de exigencia académica.
4.- Como es el alumno el que paga, toda la estructura académica y administrativa está diseñada para favorecerlo. Se tuercen reglas y se rompen principios a fin de que el alumno no se sienta ofendido y se vaya a otra universidad. No de otra forma se puede explicar que las universidades permitan que los alumnos evalúen a sus profesores.
Al que le toque el guante, que se lo chante.
*Juan Carlos Molina G. es administrador de empresas.
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