Su voz tenía el poder de cautivar audiencias. Fue radialista y brilló en las tablas durante 42 años; pero hace dos semanas, la actriz tarijeña Teresa Matienzo sucumbió ante un cáncer. El teatro nacional lamenta su pérdida.
“Teresa tenía grandes dotes artísticas; trabajamos juntos durante muchos años en Santallazos y más que colegas éramos amigos”, dice David Santalla.
Nacida en Tarija, Matienzo fue profesora de educación musical. Desde temprana edad mostró talento para el canto y la locución, oficio que ejerció en radioemisoras de Bolivia y de Argentina.
Hace más de cuatro décadas debutó con la compañía Santallazos con la que habría de trabajar el resto de su vida, incluso en los últimos años, cuando trasladó su residencia a Santa Cruz.
“Soy feliz con la vida que me ha tocado y quiero que todos sean felices conmigo; por eso me gusta hacer que la gente ría”, declaró la actriz en una reciente entrevista en la radio París Francia.
Trabajó hasta un mes antes de su muerte, siguiendo sus deseos: “No quisiera que me olviden mis compañeros de teatro. Aunque ande con bastoncito, quiero seguir ladina en mis papeles”, dijo.