En cierta ocasión, un artista exhibía una hermosa escultura de un elefante tallado en piedra. Una persona maravillada con la obra de arte se le acercó y preguntó cómo había logrado un elefante tan perfecto. El escultor miró su obra y respondió: ´agarré una piedra de mármol y le saqué todo lo que no era elefante´. Al contrario de nuestro artista, en el país vivimos tiempos donde parece más fácil coleccionar defectos que encontrar virtudes. Resaltar las cosas que no dividen antes que subrayar lo que no une. El deporte nacional es buscarle a casi todo su lado oscuro y conspirativo. Alguien alguna vez me comentó que Jaime Saenz solía definir al boliviano como una persona que cava un pozo en busca de un precipicio. Nunca pude verificar la autenticidad de la frase; se le atribuyen muchas cosas a nuestro poeta maldito, pero más allá de la autoría del dardo verbal, creo que refleja el estado de ánimo de la gente en la coyuntura actual. Nuevamente, la esperanza está perdida y parece estar presa en el laberinto de nuestras miserias, mezquindades y la política hecha con las entrañas y no con el noble cerebro. Nuestra élite política, vieja y nueva, k\'ara y tara, compiten, con talento renovado, en el certamen de insensatez y de intolerancia.
La ausencia de futuro torna el presente pesado y repetitivo. Una vez más, la incertidumbre política flota en el aire alimentada por un gobierno que adoptó por la estrategia de submarino, se sumergió en el mar de sus buenos deseos y perjuicios y ahora recupera la superficie, mostrando incompetencias e ingenuidades recién lustradas. Muchas de las chambonadas del Gobierno han resucitado a los viejos políticos y sus prácticas, que, como dice la letra de la canción, no estaban muertos, andaban de parranda. Guagüitas de pecho nuestros jovenas revolucionarios que creían tener el monopolio del cambio y la sensibilidad social, pero se olvidaron de jugar el ajedrez de la estrategia: fueron vencidos por su parte concupiscible. Frente a esto, fiesta en el cementerio.
Lamentablemente, hemos vuelto al delirio colectivo, después de un pequeño oasis de esperanza. Nuevamente, el Estado es un cadáver que se arrastra por Bolivia a la espera de que le den garantías de trabajo. Linchamientos, ejecuciones, enfrentamientos entre mineros y campesinos, pelea feroz sobre las tisidas de la Pachamama, territorios libres, motines policiales, los archiconocidos bloqueos de caminos y tomas de tierras, pisoteo sin piedad de una legalidad gelatinosa; cada parte hace lo que quiere basada en su apoyo popular. Es la muerte de la Res Publica. Una Constitución hecha a empujones, unos Estatutos que entran por la ventana. El Estado se hace pedazos a vista de la mayoría de los ciudadanos que ven azorados la vuelta de un cruel chorro morro nacional. Recordarán que en este juego colectivo se forman dos grupos —para que sea más entretenido, generalmente, se hace una buena distribución entre los bandos—, de los mastucos, jach\'otes, pechoyhumintas, se diría en el valle, o los cambangas, como dirían en Santa Cruz. El primer jugador del grupo se coloca de espaldas a la pared, el siguiente se agachará y colocará la cabeza entre las piernas del que está de pie, agarrándose de la cintura y dejando, a su vez, las piernas abiertas para que el siguiente compañero ponga la cabeza entre ellas y se agarre a él, y así sucesivamente todo el equipo forma un trencito de agachados. El grupo rival irá saltando de uno en uno sobre las espaldas de los que están inclinados buscando hacer caer a todos y gritando: ¡choorrrro morrrrro! Cuando uno está en la posición cúbito dorsal, lo único que resta es rezar para que no aplasten las cachinas o pierda los dientes. Inevitable, más temprano que tarde, la montaña de niños se cae y todos se sacan la entretela. Como si no bastasen los golpes y las apretadas provocadas por el derrumbe estrepitoso, los jugadores que no subieron al chorro morro, generalmente los más phispilos, filitriquis, raquíticos o chiquitos, se lanzan sobre los caídos al grito de kumunta. Bueno, a estas alturas de la columna usted claramente se habrá dado cuenta de que la sociedad boliviana está jugando un gigante chorro morro a nivel nacional. Así que, joven, póngase a la fila, ya le va a tocar su turno. Todos de pechito de bronce y puño en alto rumbo al despeñadero.
En este máscara contra pelo a diez asaltos, vale todo. Bloqueos, prohibición de exportaciones, la guerrita de la inflación. Huelga general indefinida contra las leyes de la física. Muerte al instinto de sobrevivencia. Matemos a todas piedras que quieran convertirse en elefantes. Los extremos radicales de una izquierda trasnochada y una derecha reaccionaria entran en cancha. A mí me emputan los elefantes y así que no moleste este escritorcito pequeño burgués de domingo con su filosofía de Corín Tellado y Paulo Coelho. Le falta una perspectiva histórica y de clase, parece que nunca leyó al maestro Nikitin, así que no distraiga a los movimientos sociales de su camino a la revolución. De otro lado, los otros también gritan sus consignas: ¡no espante los privilegios, pues, con tanta cháchara moralista, profesor! Así no se puede ganar lana en paz, pare con las abstracciones de los elefantes y otros mamíferos, el asunto es poner en orden a la indiada y listo, repiten los más reaccionarios. Y a la mayoría de la gente que quiere paz, sólo nos resta rezar. Los Neardentales de la baja política comandan en chorro morro nacional.
*Gonzalo Chávez A. es economista.
El retorno de Cuba
Dios ha querido, por sus siempre insondables razones, que Fidel Castro siga viviendo cuando han comenzado las reformas políticas y económicas que permitirán la participación del sector privado en la producción de alimentos en Cuba.
Se agrava el caos
De nuevo, no puedo eludir el manoseado asunto del diálogo Gobierno-prefectos. Las cosas están yendo tan mal que cada vez se aleja más la probabilidad de una solución consensuada, que podría calificarse de civilizada.
Óleos, non sanctos
Finalmente, Don Evo y Alvarito dieron un zarpazo contra el neoliberalismo, el libre mercado y la ley de la oferta y la demanda. Tengo que confesar que en lo personal la medida me ha tranquilizado, porque ya comenzaba yo a dudar de mis convicciones, y de mi capacidad de lectura.
Economía al verrés
En mis 39 años de vida profesional, nunca he visto un gobierno —en Bolivia o en el extranjero— que tome tantas medidas en contra de la producción o del empleo, como las que está tomando el actual Gobierno.
(Locura), revolución e inmovilismo
Curioso escenario éste en el que prácticamente todos los bolivianos coincidimos en que lo que necesitamos con urgencia es unidad, sensatez y serenidad, mientras los sectores de poder y las minorías eficientes se empeñan en romper a golpe de martillo el delicado cristal construido por milenios, que ha hecho posible esta entidad que nos cobija bajo el nombre de Bolivia.
Yo soy la Voz y la Verdad
El problema con el Estado no pasa sólo porque interviene en la economía desarticulando todo el sistema de precios y desequilibrando el mercado. Su mayor peligro reside en el sometimiento del ser humano. Sucede cuando le señala con su dedo flamígero lo que tiene que hacer. Hincha su pecho para decirle con su mirada paternalista que él representa la moral.
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Como Fidel, sin ningún cambio
Mantendrá el socialismo pero flexibilizará la economía