El problema con el Estado no pasa sólo porque interviene en la economía desarticulando todo el sistema de precios y desequilibrando el mercado. Su mayor peligro reside en el sometimiento del ser humano. Sucede cuando le señala con su dedo flamígero lo que tiene que hacer. Hincha su pecho para decirle con su mirada paternalista que él representa la moral. Él decide desde esa postura del Olimpo, que la moral encarnada en el Estado/Gobierno impone el qué hacer en estos “tiempos de cambio”: a qué hora ir a la cama, hasta qué hora beber, dónde, cuándo… reglas pueriles, de un conservadurismo atascado en aporías de viejos revolucionarios retorcidos en su propia moralina victoriana de municipio.
Pero, al margen de esa moralina, hay un hecho por demás perverso. Sucede cuando un Estado/Gobierno fija sus ojos conservadores en la comunicación y determina, como un Ayatolá, qué deberá decirse, informarse y escribirse, para que el receptor “pasivo” no se alarme, escandalice, se revuelque o soliviante sus creencias. Este es el momento en que se pasa de una simple moralina, a un poder totalitario/oscurantista revestido de una ética/psicológica insustancial.
Se tienen tres actores. Por un lado están las empresas de comunicación, que reciben eufemísticamente “recordatorios” que en verdad son amenazas de castigo. Los nuevos dispositivos de poder de los gobernantes elucubran que: las “informaciones que aun siendo auténticas puedan dañar o alarmar a la población”…, por lo que no deberán emitirse bajo riesgo de quedar enmudecidos en una escala de castigos medidos en días. Olvidan que los medios —igual que la ciencia— tienen la obligación no sólo de buscar corroborar la información sino de transmitirla tal cual, pues la socialización de la información es su fin. La información no puede quedar suspendida, cortada u ocluida en el informante-investigador. Lo contrario es oscurantismo medieval. Si “auténtico” implica lo que corrobora la identidad y verdad de algo, ocluir la autenticidad es deformar, anular, borrar la realidad, y por tanto hacerse cómplice del error, la mentira. La tarea de la comunicación, según esa lógica, es jugar a la psicología, como un dispositivo de la nueva tecnología del poder: adormecer, aletargar, obnubilar, como parte de una microfísica del poder diseñada por ex intelectuales hoy convertidos en comisarios políticos.
El segundo actor es el que “no piensa”, el “débil”; ese receptor “pasivo” que espera la información de-formada, dispuesta a ser asimilada sin que peligre su subjetividad acondicionada, por culpa de la verdad, frente al riesgo de alarmarse y entrar en pánico. Es, desde la mirada fascista, el enfermo, el débil, el que no piensa, pues es peligroso saber pensar. George Orwell advirtió ya la posibilidad cierta de un gobierno que basara su poder en “la ignorancia es la fuerza” o, de un pueblo viviendo en tinieblas y gobernado por la fuerza de la barbarie.
El tercer actor son los que se enciman más allá del bien y del mal. Los que exclaman: Yo soy la Voz. Es la paradoja del populista y estatólogo, que arma movimientos sociales y los llama vox populi, pero a la vez subestima al “soberano” y lo cuida de mensajes ajenos. Es el que advierte “fíjate: yo pienso por ti, luego tú existes por mí”. Pero, en realidad, es su propia Voz Estatal la que pretende indicar la Verdad.
*Óscar Olmedo Ll. es economista y filósofo.
El retorno de Cuba
Dios ha querido, por sus siempre insondables razones, que Fidel Castro siga viviendo cuando han comenzado las reformas políticas y económicas que permitirán la participación del sector privado en la producción de alimentos en Cuba.
Se agrava el caos
De nuevo, no puedo eludir el manoseado asunto del diálogo Gobierno-prefectos. Las cosas están yendo tan mal que cada vez se aleja más la probabilidad de una solución consensuada, que podría calificarse de civilizada.
Óleos, non sanctos
Finalmente, Don Evo y Alvarito dieron un zarpazo contra el neoliberalismo, el libre mercado y la ley de la oferta y la demanda. Tengo que confesar que en lo personal la medida me ha tranquilizado, porque ya comenzaba yo a dudar de mis convicciones, y de mi capacidad de lectura.
¡Joven! Haga fila
En cierta ocasión, un artista exhibía una hermosa escultura de un elefante tallado en piedra. Una persona maravillada con la obra de arte se le acercó y preguntó cómo había logrado un elefante tan perfecto. El escultor miró su obra y respondió: "agarré una piedra de mármol y le saqué todo lo que no era elefante".
Economía al verrés
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(Locura), revolución e inmovilismo
Curioso escenario éste en el que prácticamente todos los bolivianos coincidimos en que lo que necesitamos con urgencia es unidad, sensatez y serenidad, mientras los sectores de poder y las minorías eficientes se empeñan en romper a golpe de martillo el delicado cristal construido por milenios, que ha hecho posible esta entidad que nos cobija bajo el nombre de Bolivia.
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Como Fidel, sin ningún cambio
Mantendrá el socialismo pero flexibilizará la economía