A los marxistas de la nueva ola, identificados sutilmente como posmarxistas, les está costando ubicarse en la realidad política del mundo, en la que las viejas certezas flotan en la incertidumbre, o bien, se ahogan en las inconsistencias. Aparte de que se confunden con ciertas nociones del populismo —término en boga—, por los vacíos ideológicos que las están caracterizando.
Estas breves consideraciones permiten formular algunos cuestionamientos a la posición expresada por el señor Ernesto Laclau en una entrevista concedida a La Razón y publicada el lunes 31 de marzo, aprovechando su reciente visita a La Paz.
Este político y académico, de nacionalidad argentina pero con cuatro décadas de residencia en Inglaterra, es considerado como uno de los exponentes del posmarxismo y, al parecer, también del aún difuso e incierto populismo actual. Por ejemplo, los analistas y politólogos bolivianos todavía tienen dificultades para otorgarle una identidad precisa al gobernante Movimiento al Socialismo (MAS). Laclau, en cambio, "sin reparos", califica de populista a la gestión del presidente Evo Morales, con la aclaración de que no lo hace en el sentido tradicional y degradado del concepto, sino como un tipo de gobierno que "permite" ampliar las bases democráticas y articular las demandas dispersas. Acerca de esto último, en Bolivia existen discrepancias.
A propósito, cabe recordar que las facciones izquierdistas, de concepción marxista, que existieron y aún subsisten en el país —algunas de las cuales se han plegado al gobierno de Morales—, nunca ganaron una elección. Más aún, sus votaciones en los procesos electorales fueron insignificantes, lo que indujo a varias a moderar su posición.
Pero, una discrepancia con Laclau destaca sobre las demás y es aquella que resulta de su idea de que en Latinoamérica los regímenes autoritarios —Bolivia incluida— no tienen que ver con los gobiernos populistas, sino con el neoliberalismo. Según Laclau, "el autoritarismo ha estado ligado al neoliberalismo", lo cual es una falacia históricamente inadmisible. En Bolivia hay plena democracia desde hace 28 años, así como libre mercado ("neoliberalismo"), cuyo producto es el gobierno de Evo Morales.