Muchas señales ya, como para no abrir el paraguas. Apenas ha pasado un trimestre de este año y ya nos sabe a corto. Mientras la política doméstica se incendia rápidamente, la economía mundial se encargará de atizar el fuego.
Ya el FMI revisó las metas de crecimiento de la economía estadounidense que anticipó a inicios de este año, y las bajó de 1,5% a tan sólo el 0,5%. Los pronósticos señalan recesión en Estados Unidos, lo cual llevará a una lenta desaceleración en la economía mundial. El 2009, empezaremos a sentir sus efectos reales.
Por otro lado, la FAO advirtió sobre el aumento de precios de los alimentos a escala mundial, que hasta septiembre del 2007 alcanzaba a un 37% de incremento generalizado en todos los alimentos, salvo el azúcar. En ese año, el trigo aumentó entre el 50 y 80% sus precios respecto del 2006. El maíz llegó, en febrero del 2007, a su precio más elevado en los últimos 10 años. Los productos lácteos, ni qué decir, hasta septiembre del año pasado habían subido en un 120% respecto de septiembre del 2006.
El 2007, los precios en semillas oleaginosas sufrieron un incremento de casi un 40%, dependiendo del cultivo, con una reducción de la producción en el hemisferio Norte (principalmente Estados Unidos, que ha rotado su producción fundamentalmente hacia el maíz), pero con un aumento en América del Sur, de la que sobresale Brasil, y en menor grado Argentina.
Lo anterior indica que, al igual que el gigante del Norte cambió un cultivo por otro, en países como el nuestro los precios internacionales incentivarán la concentración de cultivos, dejando de lado otros que, por escasez de oferta, tenderán a subir. La visión agroexportadora, ahora encadenada a los biocombustibles, nos pone en dificultades, porque el mercado global impulsa tendencias no siempre beneficiosas para nuestra soberanía alimentaria. En síntesis, estamos ante una escalada de precios que ha generado inflación en casi todos los países, mientras nosotros discutimos acerca del origen del incremento de precios, atribuyendo todavía un gran peso a la ´irresponsabilidad´ gubernamental de incentivar el crecimiento de la demanda agregada vía consumo. Es verdad que no hubo políticas claras frente a la tendencia global, que ya se la venía venir desde hace un par de años, pero lejos está el arrebato neoliberal por la estabilidad de precios.
Lo cierto es que los precios altos vinieron para quedarse por un buen tiempo, pese a su volatilidad. Lo que significa que, si no se toman medidas, el déficit alimentario mundial estará fuertemente asociado a la rentabilidad de unos pocos cultivos. Y en eso, Bolivia no será una isla.
*Gustavo Luna es comunicador y trabaja en el Centro de Estudios para el Desarrollo Laboral y Agrario (CEDLA).
De populistas en América Latina...
Revisando lo que escriben columnistas de varios países, encontré un artículo muy corto, pero tremendamente expresivo y que se puede aplicar a muchos de nuestros presidentes.
Georgette Camacho y el surrealismo
Tan solo en su agonía… novela de la escritora Georgette Canedo de Camacho, trata de la represión en la época de las dictaduras militares donde se muestran los claroscuros de la condición humana.
El acompañante feliz
Conocí a mi mujer cuando se disponía a correr la Doble Copacabana en un Dodge Polara, acompañada por su prima. Con su padre logramos disuadirla del intento.
Nos vemos en el Facebook...
Antes de escribir esta columna, me detuve por un momento a pensar en el perfil característico de mis lectores; esto claro, sobre la optimista presunción de que tengo lectores, y aún más, en la cantidad suficiente como para poder hablar de un perfil.
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Como Fidel, sin ningún cambio
Mantendrá el socialismo pero flexibilizará la economía