Lo peor que puede hacer un inventor de monstruos es olvidar que el monstruo es inventado y terminar teniéndole miedo. O, dicho de otro modo, si crees (como Hitler y Goebels) que una mentira repetida muchas veces llega a ser verdad, o parecer verdad, nunca debes olvidar que es básicamente una mentira.
El gobierno nacional ha inventado aquello de que los movimientos autonomistas son separatistas. Lo ha repetido tanto que ha convencido a muchos extranjeros, a casi todos los enviados especiales del periodismo que llegan a Bolivia, e incluso a algún asesor personal de un importante presidente sudamericano. Pero ha olvidado que es una mentira, un invento creado para desprestigiar a las autonomías.
El ministro de la Presidencia, Juan Ramón Quintana, está visiblemente y estridentemente preocupado por el “separatismo” cruceño. Y los masistas, con la única excepción de Álex Contreras, también están asustados con el presunto separatismo.
El senador Roberto Ruiz dijo la semana pasada que los departamentos autonomistas podían crear una federación, una federación que, aclaró, se llamaría Bolivia, por supuesto. Muchos se asustaron de esa declaración y algunos de sus propios amigos y aliados políticos lo condenaron, o por lo menos dijeron que no estaban de acuerdo con esa visión.
La visión de Roberto Ruiz refleja una verdad mucho más profunda de lo que parece.
Lo que se sabe de separatismo en Bolivia son solamente expresiones de aymaras y quechuas. Román Loayza, creador del MAS, constituyente masista, mentor de Evo Morales, líder de movimientos sociales no cocaleros que apoyan al Gobierno, fue el que más claramente habló de separatismo en Bolivia.
Antes de que se instalara la Asamblea Constituyente, Loayza decía que el MAS estaba decidido a refundar Bolivia desde la base, comenzando por cambiarle el nombre. Dijo que el nuevo país se llamaría Tawantinsuyo. Una nostalgia quechua del imperio Inca. El prefecto de Oruro, otro masista, dijo que el país se llamaría Kollasuyo. Y Felipe Quispe, un aymara que fue compañero de matanzas y de cárcel del vicepresidente Álvaro García Linera, dijo no solamente que odia ser boliviano, porque ese gentilicio es sinónimo de narcotraficante. Quispe también postula la refundación del Tawantinsuyo, pues niega que los aymaras hayan sido sometidos y esclavizados por los incas.
Si esas intenciones de cambiarle el nombre al país se hubieran convertido en decisiones de la Asamblea Constituyente, en este momento tendríamos en el territorio de Bolivia a una república que se llamaría Kollasuyo o Tawantinsuyo, o algo parecido, y el resto seguiría llamándose Bolivia. A ese resto del territorio es al que aludía Roberto Ruiz. A los bolivianos que no tienen ninguna intención de dejar de serlo.
En suma, que hay separatismo en Bolivia, pero no es el de la “media luna”, sino de unos pocos líderes del altiplano, como los mencionados, que quieren volver a sus ancestros y negar la existencia de este país que ha sobrevivido a peores monstruos creados por peores gestiones. Al fin y al cabo, el vocero presidencial Álex Contreras, que lo fue hasta hace pocas horas, dijo que en el gobierno del presidente Morales hay gente que está trabajando por la división del país. Lo dijo el compañero de 18 años de lucha de Evo Morales.
*Humberto Vacaflor G. es periodista.
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