Aún recuerdo aquel irredento auditorio de empleados públicos, ante el cual hice uso de mis más depuradas técnicas de orador, disertando acerca de la Gestión de la Eficiencia. Para mí, fue un fracaso de antología.
Nadie negará que la mentalidad latinoamericana, tanto urbana como rural, es amante de la pompa, del lujo caricaturesco, del relamido discursillo de plaza pública, en fin, de toda suerte de dislates que, multiplicándose y complicándose aquí y allá, escamotean lo esencial. Bien podemos afirmar que más son las cáscaras que las nueces.
Los gobiernos son incapaces de responder a los requerimientos de sus sociedades, porque son ineficientes.
La empresa privada no logra desarrollarse con independencia del estado y autogestión económica, porque es ineficiente.
Las instituciones no logran librarse de la corrupción ni servir a la sociedad sin equívocos, porque son ineficientes.
La universidad, tanto pública como privada, pulula en institutos de investigación, en incomprensibles tesis, en laberínticos proyectos de grado y en estrambóticos cursos de posgrado, llenándose la boca de excelencia académica, pero es incapaz de crear recursos profesionales idóneos, porque, en su calambre cerebral, atesora una ineficiencia de infarto. Algo similar podemos constatar en los centros de formación técnica.
La verdad es que la eficiencia, y esto debe meterse en la cabeza el ciudadano latinoamericano, no se la adquiere en determinado estadio de la vida, asistiendo a magistrales conferencias ni leyendo las frondosas ficciones de los gurús angloamericanos, la eficiencia no se compra en el mercado. La eficiencia es un elemento constitutivo de la persona, vinculado a la calidad humana, por tanto, es un hábito de la personalidad que se practica en lo cotidiano.
En consecuencia, en nada aprovecha que la eficiencia sea promulgada como anzuelo publicitario desde y en ambientes seudoespecializados. Para que una persona, para que un profesional sea eficiente, tiene que haber desarrollado esa eficiencia en una cultura que priorice y nutra aquella, aun a costa de sus “tradiciones más sagradas”, cosa que en América Latina está a siglos luz de ocurrir.
Por tanto, eliminar la omnipresente ineficiencia del continente requiere la titánica lucha de revolucionar la idiosincrasia de las generaciones futuras desarrollando mentes preactivas, ahí radica el verdadero intríngulis de la ausencia de eficiencia. Todo lo demás que pueda argumentarse, sólo es vulgar cancamusa.
*Marco Antezana es presidente de IDETURCorp.
Los monstruos que inventáis
Lo peor que puede hacer un inventor de monstruos es olvidar que el monstruo es inventado y terminar teniéndole miedo. O, dicho de otro modo, si crees (como Hitler y Goebels) que una mentira repetida muchas veces llega a ser verdad, o parecer verdad, nunca debes olvidar que es básicamente una mentira.
Desconfianza y violencia
A pesar de que todo confirma el estado de ingobernabilidad que sufre el país, no cesó —aunque sí se enfrió— la voluntad de la Iglesia a favor de un diálogo entre el Gobierno que defiende a rajatabla el insostenible proyecto de “Constitución de La Glorieta”, y las autoridades autonomistas cruceñas que el miércoles pasado lograron movilizar a más de 100.000 personas que apoyan el referéndum sobre el estatuto autonómico.
Los Colorados producen iPhones
En cuanto la champa guerra entre oficialismo y oposición —regiones sube de tono, le propongo algunas ideas sobre política industrial que probablemente nunca hagamos, pero que conste que las discutimos, por lo menos.
Constitución y Estatutos Autonómicos
Hay diferencias substanciales en la manera que han surgido ambas propuestas. La Constitución nació de una convocatoria con elección nacional de constituyentes y un largo proceso nacional. Fue aprobada en Oruro por la gran mayoría de constituyentes que persistieron en ese proyecto hasta el fin, a pesar del bien orquestado asedio de quienes se oponían a ella para abortarla.
Borges y los piqueteros
La biblioteca “Miguel Cané”, en el barrio bonaerense de Boedo, es un modesto local de techos altos y viejos anaqueles y pupitres de lectura, que se ha convertido en un sitio de peregrinación cultural para todo visitante más o menos alfabeto que llega a Buenos Aires.
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Como Fidel, sin ningún cambio
Mantendrá el socialismo pero flexibilizará la economía