El director Rodrigo Ayala presenta su primer largometraje en el que la comunión de experimentados actores de La Paz y Santa Cruz reluce a los jóvenes talentos de la capital chapaca.
Texto: Miguel Vargas Fotos: Toborochi films
En Tarija existen grandes historias de amor, las que todos hemos vivido; sobre todo las que nacen en la adolescencia. Una pareja se conoce en el colegio y enamora cinco, seis, siete años... pero muy pocas veces terminan casados. Esta película parte de esa historia, de una pareja de novios de la adolescencia que se ha peleado y que, con el tiempo, él tiene que sufrir al ver cómo ella se va a casar con otro´.
Rodrigo Ayala Bluske es el director de Día de Boda, filme que se proyectará desde el 17 de abril en la Cinemateca Boliviana de la ciudad de La Paz. Luego de más de un año desde la germinación de la idea primigenia, el director de la serie de televisión Fuego Cruzado estuvo en La Paz para compartir la aventura de hacer cine en Bolivia.
¿Cómo nace este proyecto cinematográfico en Tarija?
El toborochi es un árbol emblemático del chaco tarijeño. Trabajé muchos años allí y bajo ese nombre nos juntamos Liliana Arce, Alfonso Blanco y yo para crear una empresa cinematográfica. Yo ya tenía una fuerte experiencia en video y televisión, entonces decidimos hacer cine. Para entonces, yo ya tenía muchas ideas en la cabeza para hacer varios proyectos.
¿No resulta la comedia un género bastante difícil de manejar?
Pero a mí me gusta. Si recapitulamos, Fuego Cruzado es un policial de 14 historias independientes de las cuales siete son comedia. Yo me siento muy cómodo ahí. Antes he escrito un libro humorístico que se llama Clasemediero en crisis y como que me sale. Soy fanático de las comedias clásicas de los años 40, donde la cámara no se nota e importa la historia y los personajes. Ese es el tipo de cine que estoy tratando de hacer. No vas a ver manierismos ni cámaras que te impresionen, vas a ver una historia contándose. Queríamos, además, hacer una historia romántica y por otro lado hablar de los lazos de amistad, que en el país son muy fuertes. En la historia también están varias cosas que ya tenía en la cabeza y que se fueron juntando. Hay muchos lugares de Tarija que me gustan visualmente. Está el Rincón de la Victoria, el lago San Jacinto... Siempre tuve en mente la imagen de una balsa en un lago.
El cine siempre es un emprendimiento costoso. ¿Qué ventajas tiene el producir en Tarija?
En nuestro caso fue lanzarse al río sin tener el puente totalmente construido, pero fuimos consiguiendo los recursos ni bien hacíamos la película. Producir en Tarija es algo muy bueno, porque tienes gran apoyo de la gente que está ansiosa por verse. El cine allí es más novedoso que en otros lugares, pues sólo se ha hecho una película antes. Hay una efervescencia no sólo en Tarija, sino de todo el país, la gente quiere sentirse, quiere identificarse y participar.
De todos modos es muy caro...
Hemos tenido mucho apoyo de la gente de la calle, gente que da su casa, apoyo también de empresas y de amigos. Así como hay puertas que hemos tocado y no se han abierto, hay amigos que no esperaba que han aparecido y me han dicho: ´Oye, te apoyaré un poco, qué bien lo que están haciendo´.
¿Algún momento puso en duda la continuidad del proyecto?
El momento en que empiezas a producir y gastas los primeros 20 mil dólares, ya sabes que no hay vuelta atrás. Antes puedes darle muchas vueltas, pero ese momento sabes que si paras es un fracaso absoluto. Así que no tuvimos más remedio que tomar la decisión y remar hacia adelante hasta acabar.
¿Cómo fue reencontrarse con viejos camaradas de Fuego Cruzado diez años después de haber trabajado juntos en la serie?
Recurrí a mucha gente que empezó conmigo en La Paz y que fueron creciendo con los años. Germán Monje, que comenzó de asistente de edición, es hoy uno de los mejores montajistas de La Paz. Óscar Durán regresa a continuidad y fue hermoso el reencuentro con los amigos. De Tarija pusimos a mucha gente nueva a aprender y se hizo un equipo muy lindo. El actor Pitín Gómez dijo: ´Ha sido el rodaje más agradable en el que he estado´, y quizá fue por la onda que tenía todo el equipo. De una manera u otra, todos participaban en todo, con mucha disciplina, pero con un espíritu unido. Fue muy lindo.
Lo mismo se ve en su elenco conformado por actores experimentados y noveles. ¿Cómo hizo para equilibrar ambos grupos?
Por un lado, estaban los que habían trabajado antes conmigo, como Raúl Pitín Gómez y Luigi Antezana; por otro lado, estaban otros actores con experiencia, como Emiliano Longo, Ángel Careaga y Elías Serrano; e ingresaron actores tarijeños nuevos. Esto es como en el fútbol: lo que se ve, se anota. Los actores que venían de afuera quedaron impresionados por la naturalidad de los artistas tarijeños, pero tengo una explicación: el tarijeño cuenta cuentos, hace coplas, muchos son cantores y una forma de ser en Tarija es ´sacar el cuero´, hacerse la burla de ti, hacerte chistes... por eso creo que hay mucha naturalidad para la actuación. Hay actores como Toto Vaca, Luciana Costa, Virginia Lema e Isabel Ocampo que van a sorprender.
Un director, a veces, es el crítico más feroz de su propio trabajo. ¿Rodrigo Ayala está satisfecho con el resultado de la película?
He visto la película unas 200 veces y la sigo corrigiendo, sigo sacando secuencias y sigo puliendo cortes. Hay directores que dicen que improvisan, yo no soy así. Para mí, el guión es sagrado; si se pierde en medio rodaje, es una crisis: verás a 50 tipos buscándolo. Lo que me preocupaba era que la gente se aburra. Siempre noto en los grupos focales si la gente se mueve, se para o bosteza, pero en esta película la gente pide más y, la verdad, estoy muy contento.
El Rincón de la Victoria o el lago San Jacinto inspiraron al director.
La naturalidad del tarijeño viene de sus chistes, coplas y canciones.