Clusia Pachamamae es la nueva denominación científica de la especie que habita en los bosques montanos del norte de La Paz y los Yungas.
Texto: Jorge Quispe • Fotos: Pedro Laguna y Proyecto Madidi
Tiene unos 321 años y nunca tuvo nombre científico. Ahora la tierra le dio apellido: Clusia Pachamamae, el apelativo mundial con el que desde el 27 de febrero se conoce al árbol del incienso boliviano.
Seis años de trabajo permitieron a los investigadores nacionales Freddy Zenteno Ruiz y Alfredo Fuentes Claros llegar a la conclusión de que esta planta se constituye en una especie nueva de la Clusiaceae que habita en los bosques montanos del norte de La Paz. La revista Novon, de la Missouri Botanical Garden, dio su certificación tras una consulta con especialistas de todo el mundo.
Un logro para Bolivia si se toma en cuenta que una mayoría de los estudios que se realizan en el campo son llevados adelante por biólogos extranjeros y fuera del país.
´Primero, Clusia viene de la especie a la que pertenece. Luego le pusimos \'Pachamama\' en homenaje a la madre tierra y a la cultura andina. Ahora lleva una ‘e’ más, pero es por la terminación en latín, un requisito internacional´, explica Alfredo (37) en las instalaciones del Herbario Nacional de Bolivia.
Un árbol da frutos de cristal
La Clusia Pachamamae es una planta que habita entre los 1.700 a 2.400 metros sobre el nivel del mar. En Apolo crece en las comunidades de Kurisa, Kauli, Yutico, Sarayoj, Asariamas, San Pedro, Pata, Waratumo y Pucasucho, pero también se la puede hallar en los Yungas.
´Es una especie endémica, está en filos de cerro, en las partes más altas, donde da más niebla. Por eso el proceso de cosecha es sacrificado, por lo poco inaccesible de estos terrenos´, cuenta Alfredo. Los campesinos caminan hasta tres días para llegar al lugar del incensal, donde deben superar riesgos como el de las mordeduras de víboras.
El vegetal mide entre seis y ocho metros, sus tallos son delgados, sus hojas son gruesas, de 10 a 20 centímetros de largo por 10 de ancho. Es un árbol dioico, es decir, existe una planta masculina y otra femenina, y puede vivir entre 10 y 15 años. Sus frutos se parecen a las uvas y miden de tres a cinco centímetros. Sin embargo, su mayor riqueza está en la resina que segrega y se cristaliza. En el altiplano, los aymaras la conocen como ´churiri´ y los quechuas la llaman ´miskki asnakk´.
A los ocho y nueve años, la planta alcanza la madurez y empieza a exudar la preciada resina. Quienes viven del incienso, efectúan cortes hacia arriba para tener la mayor cantidad del producto, vuelven seis meses después y empiezan a cosechar. Los comunarios recogen el producto en forma de piedras amarillo-blanquecinas en la temporada seca. Las pequeñas rocas son duras y se parecen a los cristales.
En 1687, las misiones de Apolobamba reportaron por primera vez la utilización de este recurso vegetal en las ceremonias andinas y su comercialización por parte de los campesinos. En la actualidad es elemento indispensable para las k’oas a la Pachamama, la ch’alla de Carnaval y otros sahumerios.
En las comunidades de Apolo es fácil encontrar a campesinos portando sobres y bolsas con incienso. El precio de la libra está entre 18 y 25 bolivianos, misma libra que llega a venderse en La Paz en 120 hasta 150 bolivianos. En una semana, un comunario puede reunir hasta 25 libras. ´Por año se extrae aproximadamente 660 quintales de incienso. Esto equivale a 1.650.000 bolivianos, libres de impuestos y sin valor agregado´, reseña el informe enviado a la revista Novon y que fue hecho de manera conjunta entre Zenteno Ruiz y Fuentes Claros.
Una especie amenazada
En algunos lugares, la planta está muriendo. La Clusia Pachamamae puede resistir de 60 hasta 300 cortes. ´Mientras más resina obtienen, es mejor para los campesinos, por eso se impone efectuar un manejo sostenible de esta especie´, reflexiona Freddy Zenteno Ruiz.
Algunos ejemplares que tienen más de 100 cortes mueren porque la savia ya no circula por su organismo, ´es como destruirles la circulación´. Mejorar esta técnica es para Freddy lo más urgente.
En los últimos meses, la Sociedad Boliviana para la Conservación de la Vida Silvestre empezó a efectuar algunos experimentos en las comunidades donde abunda este vegetal con el fin de preservarlo.
´Ahora tenemos una desordenada explotación del incienso y eso es perjudicial. Su vida está amenazada porque con cada cosecha un 10 y 20 por ciento de la especie muere´, concluye el biólogo.
La Paz es el principal productor de este incienso y de este departamento salen kilos y kilos rumbo al resto del país, pero también a Chile y Argentina. El espécimen se encuentra en todo el Parque Madidi, una reserva natural que aún sigue sorprendiendo por la diversidad de flora y fauna que posee.
En la casa de Alfredo Fernando Zenteno, (70) padre de Freddy, la familia prepara una mesa para agradecer a la tierra con el tradicional incienso que ya ostenta nombre nuevo: Clusia Pachamamae.
En Apolo, la libra de incienso vale 25 bolivianos. En La Paz, 150.
ESPECIES
En Bolivia, también existe el copal, cuyo nombre científico del espécimen es Protium burmeister (Burseraceae). De uso similar, su resina, empero, tiene un valor más reducido que el del incienso tradicional. Es de color blanco y su aroma es agradable.
En la región del Amazonas se encuentra el paquío, que es como un cristal blanquecino-transparente. La savia de este vegetal se quema y se usa en rituales. El incienso es milenario y la palabra proviene del latín ´incendere´, que significa quemar.