La continua migración a la ciudad de los jóvenes de esta comunidad moxeña, ubicada en el municipio de Buenavista en Santa Cruz, ha motivado la creación de un proyecto ecoturístico en el que toda la familia de don Pedro Soria se ha comprometido.
Texto: Miguel Vargas Saldías • Fotos: Miguel Carrasco
Si no se tiene más opción que preguntar por el señor Soria en Candelaria, está en problemas. ¿Antonio? ¿Marwin? ¿Agustín? ¿Joaquín? ¿Pedro padre o Pedro hijo? La descendencia del viudo Pedro Soria no sólo se caracteriza por su capacidad de trabajo, sino por llevar adelante el proyecto turístico que incluye un Eco Albergue, un taller de artesanías y paseos en cercanías del Parque Amboró.
En el seno del municipio de Buenavista, en la provincia Ichilo del departamento de Santa Cruz, esta comunidad de 45 familias, casas rústicas y sonrientes niños ha sufrido los últimos años, como la mayoría de los pueblos de Bolivia, de la migración de sus jóvenes en busca de un futuro mejor.
Ante esto, la vecina hacienda El Cafetal se unió a la comunidad que tradicionalmente se dedica al cultivo del arroz, la yuca, el plátano, el café y el maíz para crear un proyecto con el apoyo del Ministerio de Producción y Microempresa, el Viceministerio de Turismo, el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y Fondesif.
Y si bien hay que reconocer que en este proyecto participa toda la comunidad de Candelaria, el ímpetu de la familia Soria ha servido al resto como timón y corazón.
11 no son multitud
Todos con estudios y con grandes sueños. Los 11 hijos de don Pedro Soria Parás, de 54 años, son gente de impulso y energía para trabajar. Que si uno está en el taller, que si el otro está guiando a un grupo, que si otro anda metido en la cocina, que si la pequeña está en ensayo con la Orquesta de Buenavista...
´Estoy muy orgulloso de todos. El mayor tiene 33 años y el menor nueve´, explica don Pedro, quien dejó de tener hijos luego de enviudar. ´¿Casarme de nuevo? No, así con mis hijos soy muy feliz´, ríe.
A golpes de sol es como se ha construido el Eco Albergue Candelaria, cinco cabañas con capacidad para cuatro personas cada una, hechas en tacuara y techadas con jatata, sin que esto implique ninguna carencia. El siempre grato aroma de las sábanas limpias recibe en los dormitorios equipados con ventilador, baños, cobertores, agua potable, toallas, luz eléctrica y servicios como el parqueo, el restaurante y recreo en áreas verdes.
Un mirador de madera entrega un generoso monte junto al restaurante donde Elia y Eldy, también pertenecientes al clan de los Soria, se encargan de combinar alimentos tradicionales con platillos de la cocina internacional. Ellas fueron capacitadas para aprovechar al máximo los productos de la zona, a los que les dan un toque gourmet, teniendo cuidado con la higiene, el tratamiento y la conservación de alimentos.
El lenguaje del bosque
La naturaleza habla. Al menos, Pedro, hijo, la entiende. Con 22 años y con experiencia previa en el sector turístico desde muy joven, este guía adentra a los visitantes hasta el albergue a través de un sendero desde la iglesia de Candelaria, donde los árboles se expresan.
El recorrido se ha diseñado para que cada persona pueda encontrarse frente a frente con las distintas especies vegetales que se nutren en esos suelos. La chonta, el motacú, el mango, la piña, la papaya, el bibosí y el urupaú —entre muchos otros— van flanqueando los pasos de los aventureros que, mientras atraviesan el verdor, van conociendo las propiedades de plantas medicinales, el carbón vegetal, los árboles maderables y las leyendas tejidas en torno a cada ejemplar. Algunas plantas crecieron allí naturalmente y otras se plantaron allí con fines didácticos.
Este sendero está señalizado y pensado para no fatigar al visitante. El grado de dificultad es llevadero y cuenta con mucha sombra.
Pedro, hijo, empezó a trabajar desde los 14 años en un hotel, así que lleva a los turistas con soltura por este paraje hasta el albergue, donde se halla su papá. ´Mi hijos no sólo me ayudan, sino que están trabajando juntos. Yo siempre he sido agricultor, pero ellos tienen otros sueños y da gusto que los puedan cumplir´, dice don Pedro.
Cerca de allí está Marwin Soria (30). En su polera destaca Tucan, la firma del taller de artesanía. Y no, no se refiere al ave de traje negro y enorme pico colorido, sino a la abreviación de ´Tu Candelaria´.
´Mi comunidad le está abriendo las puertas al turismo, toda la gente que llega es bienvenida. En el taller tenemos las artesanías y nuestro trabajo se puede ver en las viviendas´, explica Marwin.
Tiene un año de guía, luego de una capacitación en la que aprendió cómo tratar a los turistas, profundizó sus conocimientos sobre la región y entendió el funcionamiento de un proyecto de ecoturismo. ´Somos cinco, hemos hecho un curso en Concepción de cuatro meses y dos meses hemos perfeccionado acá. Hay otros jóvenes que trabajaron en la gastronomía, la atención al cliente, el hospedaje y otro grupo se ha capacitado en artesanía de bambú y mueblería´, replica el joven.
Habiendo estudiado Construcción Civil y trabajando en la ciudad de Santa Cruz, Marwin escuchó sobre el proyecto y la tierra hizo lo suyo. ´Me llamó. Como ya había terminado mis estudios decidí volver a ayudar mi comunidad, me necesitaba acá y decidí ponerle el hombro para que salga adelante. Así se me abrieron las puertas para trabajar en turismo´.
Ahora, más contento en su ambiente natural, conoce a mucha gente de distintos puntos del país y el planeta. ´Hemos recibido a grupos de Inglaterra, y aunque el idioma es un poco difícil, yo tengo mi diccionario, porque uno siempre tiene que buscar cómo atender bien. A veces, cuando uno está acá viviendo, piensa que todo lo que tenemos a nuestro alrededor no vale nada. Pero cuando viene la gente de afuera nos hace ver que todo lo que uno tiene, vale´.
Aprovechando la naturaleza
Siete artesanos de Candelaria se la pasan viajando. Trabajan la tacuara para la construcción y, como su oficio tiene mucha demanda y pocos expertos, pasan buen tiempo lejos del taller de artesanía Tucan. uno de ellos es Joaquín... Soria.
La jipi japa y el bambú son sus otras materias primas, con las cuales hacen trabajos amigables con el medio ambiente. Para ello, deben tener muchas precauciones con la obtención de materia prima, supervisando el tratamiento, el corte y la inmunización contra los gérmenes de cada pieza.
Uno de los principales secretos de Joaquín es la obtención de la madera en las noches de luna llena, pues está convencido que de la planta crecerá mejor. No es por supersticioso, sino porque sabe que en esa época, el corte al cogollo afecta menos a la planta, pues tiene menos capilares en las raíces. ´Somos unas 30 personas las que vamos al monte y traemos la tacuara por los ríos. Hay que cortar sobre el brote, al ras, para que cuando llueva no se pudra´.
Una vez obtenido el material, sus manos sólo necesitan de una semana para poder dar a luz a un juego de living con dos sillas y un sillón. El precio de venta, entre los 1.000 y los 1.500 bolivianos. Así van naciendo joyeros, llaveros, cajas, móviles, campanitas...
Llega la noche y en la iglesia de Concepción, la Orquesta y Coro de Buenavista, congregan a los habitantes con un concierto de los que darán durante la celebración del Festival Internacional de Música Barroca. Allí asida a su violín, cómo no, está Rosalyn Soria (15), quien ensaya todas las tardes y el sábado íntegro para poder dominar mejor el instrumento.
La joven está orgullosa de los avances de su pueblo y está convencida de que a los turistas les encantará la visita. ´Invitamos a todos los que quieran conocer Candelaria. La fiesta es el 2 de febrero´, ofrece su sonrisa.
BRÚJULA
Ubicación. El Eco Albergue Candelaria está a 5 kilómetros de la plaza principal de Buenavista, a 100 kilómetros de Santa Cruz.
Cómo llegar. De la ciudad de Santa Cruz se toma un taxi o bus de la ex terminal a Buenavista. De allí se contrata un taxi o mototaxi.
Precio. Alojarse en Candelaria cuesta Bs 50 por persona y los tours, a 20. Más datos al 71006869.