La frasecita “seremos brutalmente duros” se ha escuchado en Bolivia machaconamente desde hace poco más de dos años, como advertencia a posibles conspiradores políticos. ¿No sería hermoso empeñarse más bien en políticas públicas inteligentes para ser brutalmente duros en contra de la pobreza que conspira en contra de una mejor calidad de vida de los bolivianos?
Lamentablemente, la ideologización y politización de la agenda pública sigue triunfando en el país, acercándonos al cumplimiento de una sentencia que me impactó por su profundidad: La economía es el examen final de la política. No sé quién lo dijo, pero agradezco a su autor, pues viene a tono con nuestra situación: la gente perdona los errores políticos, pero puede ser “brutalmente dura” en contra de las malas “Cátedras de Economía” que le complican la vida.
Porque, mientras Bolivia pierde 200.000 fuentes de empleo por año a causa del contrabando, con un COA que tiene 102 efectivos para enfrentar a verdaderas mafias de contrabandistas, no se es brutalmente duro en contra de esta ilegal actividad, pero sí se amenaza con que militares y policías impedirán las exportaciones de aceites. Valiente medida. Brutalmente duros para impedir que se generen empleos deteniendo la exportación, y al mismo tiempo, permisivos con una actividad que quita empleos a bolivianos.
Se calcula que 300 mil bolivianos dependen del complejo oleoproteico de la soya y el girasol. Prohibir la exportación de aceites hará que quienes pierdan su empleo no tengan dinero para comprar alimentos, incluso con un exceso de aceite en el mercado, y eso será lamentable.
Cuando una gestión política se acompaña con una buena gestión económica, ese Gobierno es imparable, pues es una verdad de Perogrullo que la economía depende de la política, pero también, que la continuidad política depende de una buena economía.
Está comprobado que la soberbia es mala consejera. Amenazar, hostigar y no tomar medidas inteligentes, no resolverá los problemas, más bien los agudizará. “Pensar con el bolsillo” tampoco es necesariamente malo, si con eso se garantiza la provisión de alimentos y empleo. De nada valdrá que mañana los mercados estén llenos de pizarras con el anuncio de \'alimentos a precios bajos\', pero desabastecidos, pues aquéllas, siendo de madera, no podrán comerse como si fueran alimento y el discurso tampoco reemplazará los empleos perdidos.
“Exportar es lo que importa” fue un lúcido slogan de un país vecino en pasados años para alentar a sus empresarios: mayores exportaciones generan más producción y empleo, y al revés, más importaciones aniquilan la producción y restan empleos, igual que el contrabando.
Tratar bien a los productores no es una mala idea, pues en ellos está la solución. Eso de que “a mí no me den consejos, que sé equivocarme solo” dejémoselo para los faltos de entendimiento.
*Gary A. Rodríguez A. es economista y gerente general del IBCE.
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