EEUU despide a Heston con admiración y controversia ACTOR • El ícono del héroe fue admirado por la derecha; pero su apoyo al uso de armas provocó rechazo. Ayer fue su servicio fúnebre privado.
CHARLTON HESTON • El ídolo el 2006, en una de sus últimas apariciones públicas.
Con un servicio fúnebre privado, la familia Charlton Heston despidió ayer al actor que inmortalizó personajes heroicos en una época en que EEUU los necesitaba y se convirtió en paradigma para la derecha al final de su vida.
Heston, quien murió el sábado en California a los 84 años, es la imagen imborrable en la mente de una generación de figuras como Moisés, Miguel Ángel y El Cid, en películas que reafirmaron la victoria del bien sobre el mal. Fue un mensaje de calma para sus conciudadanos en los años 50 y 60, cuando la gente construía búnkeres improvisados en sus sótanos para prepararse para un posible ataque nuclear de la Unión Soviética.
El héroe de Los Diez Mandamientos, Ben Hur y Marco Antonio y Cleopatra podría haber tenido una jubilación discreta, pero como a su contemporáneo Ronald Reagan, le interesaba la política. Fue director del Screen Actors Guild, el principal sindicato de actores y del Instituto Cinematográfico Estadounidense, y apoyó al movimiento en pro de los derechos civiles para los negros en los años 50. Con los años Heston se hizo cada vez más de derecha, por lo que los blog de izquierda no han recibido su muerte con ningún pesar.
El actor fue presidente de 1998 a 2003 de la Asociación Nacional del Rifle (NRA, en inglés), el grupo de presión que rechaza cualquier control de la tenencia de armas en Estados Unidos. Llegó a decir que sus oponentes tendrían que quitarle el rifle ´de mis manos frías y muertas´.
Una de sus últimas apariciones fue, a su pesar porque queda mal parado, en Bowling for Columbine, un documental en el que Michael Moore lo persigue para pedirle explicaciones por las vidas perdidas por la tenencia de armas. Washington, EFE
Cuando Moisés era sexy
Seducido por la épica, Charlton Heston empezó su carrera como superhéroe encarnando a Moisés en Los Diez Mandamientos, donde, para escarnio del público deseoso de admirar su musculoso y juvenil cuerpo, pese a un inicio prometedor y moralmente distraído, pronto se puso la túnica y se enzarzó en cruzar desiertos, dejando a Yul Brynner la pesada carga de ser el faraón que llevaba minifaldita y tenía el corazón endurecido por Jehová.
Pese a que algunos de los muchos filmes que interpretó fueron muy estimables, y a que en ellos aparecía exhibiendo sus antiguas armas de real macho —pienso en la estupenda Mayor Dundee—, nunca pudo ni quiso quitarse de encima el estigma de haber sido un levítico Ben-Hur o un Miguel Ángel más pétreo que La Piedad. Su último destello como salvaje con retranca, que tanto nos gustaba a las hijas de María, lo lanzó en Horizontes de grandeza.