Que el mundo es una caja de sorpresas y que el teatro es una llave para descubrirlas se probó anoche con el teatro de sombras de Porbo Asmoro. Verlo aparecer en el escenario con su ropa tradicional, escucharle hablar en indonesio y luego en javanés, observar el ceremonial manejo de los wayang (marionetas) representando una historia del Mahabarata… Todo contribuyó a capturar a los espectadores, quienes se esforzaron en seguir los movimientos, los colores, las voces en vista de que no era posible entender el texto.
En la introducción, con ayuda de un intérprete español, se resumió la complicada historia. Y se había pedido que, en algún momento, se diese una vuelta a la pantalla para ver las sombras en la tela. Así hizo el público, respetuoso, participativo y pendiente de atender a los códigos que le permitiesen disfrutar de un espectáculo distinto.
Purbo Asmoro hizo, con su entrega, que uno imagine un cálido escenario indonesio, con mujeres y hombres cantando y una orquesta de bronces dialogando con las voces que el maestro dhalang proyecta sobre las sombras.
La historia y el idioma fueron lo de menos. La posibilidad de atisbar en la mitología javanesa, en la estética de los wayang, en el manejo de los instrumentos de percusión para aumentar la tensión dramática y el minucioso trabajo de coordinación con el ayudante, permitieron al espectador un viaje inolvidable a una Indonesia que empieza a dejar de ser una desconocida.