El suizo-italiano eligió la tragedia para comunicarse con el público en el teatro. Su barrio y sus personajes son su inspiración.
Texto: Jorge Quispe Fotos: Pedro Laguna
Aprendió a utilizar más de cinco sentidos en el escenario. Quizá por eso el dramaturgo suizo-italiano Daniele Finzi Pasca (44) consigue que el público pase de la risa al canto, al baile y luego rompa en llanto.
Su padre, su abuelo y su bisabuelo fueron fotógrafos, pero Daniele se inclinó por las tablas. A los 15 años empezó como gimnasta para convertirse luego en payaso. Hoy es director, actor y coreógrafo; sus obras recorren el mundo.
Nacido en Lugano, Suiza, es amante de las montañas, la cocina, el mar, la vela y los viajes.
“Bolivia es un país que mantiene sus raíces como pocos lugares´, cuenta el artista que llegó invitado por la Embajada de Suiza para el VI Festival Internacional de Teatro de La Paz (Fitaz) con la obra Ícaro, vigente desde hace 16 años.
Daniele es un apasionado por la dramaturgia, dirige la compañía de teatro Sunil desde hace 25 años, escribe y ensaya hasta muy tarde. Es un enamorado del trabajo.
Cultor del clown como técnica
A Daniele le encanta hacer bromas y una sonrisa le hace feliz, pero ésta es sólo una de las facetas que muestra en el escenario. “Todos mis espectáculos tienen que ver con la nostalgia, el clown me permite contar historias trágicas de una forma suave. Busco el equilibrio entre la risa y el llanto´.
La técnica del clown viene de la escuela francesa y se basa en un hombre-actor. ´Su punto de apoyo es el vacío, sólo sigue su impulso, estando atento a lo que le sucede a él y al público. Cuanto más serio y sincero es, más risa provoca. Por ello, la risa es su alimento´.
El clown está lejos de ser un payaso. ´No es una nariz roja, no es un maquillaje, no es algo para hacer reír a los chiquilines, es contar historias que conmuevan´, explica.
Los actores, y a la vez directores, Charles Chaplin y Buster Keaton son sus referentes. ´Ambos siempre estuvieron balanceándose entre lo trágico y lo cómico´.
Con más de cinco sentidos
Daniele está seguro de que tenemos siete sentidos. A la visión, la audición, el olfato, el tacto y el gusto, agrega la percepción y la intuición. ´En el teatro, la percepción es muy importante, porque tienes que sentir qué le pasa al público y para eso hueles, no con la nariz, sino con la percepción´.
La intuición es el otro sentido con el que el actor capta sensaciones. ´Tenemos más que nos permiten saber qué somos y que nos ayudan a entender a la humanidad´. Roberto Benigni, el actor y director italiano, es una de las figuras que más admira Daniele. ´Las personas son como pianos, pero son pocos los que pulsan aquella tecla que hace vibrar nuestros corazones y Roberto es uno de ellos´.
Su barrio, Molino Nuevo y sus personajes alimentan sus historias. Respira hondo y habla de su más reciente producción, llamada Nebbia o neblina. ´La dediqué a mi abuela que tiene 101 años. No la vio, porque sus ojos sólo ven neblina, por eso le puse este nombre”.
En una de las últimas cenas de Navidad, un tío le dijo: ´Seguro que esto también vas a llevar a la obra´. Es posible, pues el chofer de un taxi o una madre que corre apurada llevando a su hijo a la escuela, son fuente de inspiración de Daniele.
Por eso, le enterneció una escena en La Paz. ´Había un camión frente a una tienda de artesanías y el coche echaba una gran fumarola. Le dije al tendero \'¿Por qué sigue usted tan tranquilo cuando el humo lo está matando?\', y él me respondió: ‘pobrecito, no es su culpa, sino del motor de su camión’´. Sólo Daniele sabe si este pasaje será incluido en una obra, porque las historias de la calle, son su veta.