La inseguridad económica y ciudadana que afrontamos en Bolivia agudizan día tras día los problemas sociales que enfrentamos, creando situaciones degradantes y de extrema pobreza que no garantizan el derecho a la vida, educación, salud y a una vivienda digna para uno de los grupos más vulnerables de la población: el de los niños y niñas.
No necesitamos haber visto la célebre obra cinematográfica colombiana nominada para optar por la Palma de Oro en el festival de Cannes 1998, La vendedora de rosas, para enterarnos de la realidad en la que viven l@s niñ@s. Basta con mirar un poco a nuestro alrededor para percibir un panorama desolador, plagado de destrucción y hambre; son los niñ@s nuestros damnificados históricos, quienes sólo se han enriquecido de frío, hambre, llanto, angustias y enfermedades.
En la cotidianidad de estos niños y niñas se combinan una serie de dificultades que se ven expresadas en: escasos ingresos de sus familias, exclusión social, hacinamiento de sus hogares, discriminación, falta de cariño desde el nacimiento, deserción a edad temprana del sistema escolar, falta de acceso a servicios de salud y nutrición; elevado número de indocumentados; trabajo y a la vez explotación por el mercado informal y ambulante en largas jornadas de trabajo. Situaciones que originan una serie de violaciones a los Derechos Humanos Fundamentales, convirtiendo a niñas y niños en las víctimas preferidas del comercio sexual, la explotación laboral, la mendicidad organizada y otros.
Asimismo, durante una época de la vida —la cual se establece que debería estar destinada al aprendizaje escolar y a la preparación para afrontar una edad adulta de manera productiva—, la mayoría de los niños y niñas bolivian@s han cruzado el límite de la infancia para adentrarse en el sombrío mundo del averno y ven irse a la niñez de la mano de una promesa de un presente y un futuro con mejores expectativas.
Es cierto que en todo el mundo existe cada vez más conciencia de que los niñ@s son prioridad; de hecho, como consecuencia de la desigualdad y el maltrato que sufrían, la OEA y Unicef redactaron la Declaración de Principios Universales del Niño un 12 de abril de 1952 y, por su lado, Bolivia en 1955 instituyó como “Día del Niño” al 12 de abril. Sin embargo, es evidente que detrás de este intolerable panorama social está la necesidad de sobrevivencia. Pero, también es incuestionable que dentro de este sombrío ámbito se destaca la ausencia de un Estado que no asume su indelegable rol tutelar y no concurre al amparo de niñas y niños que padecen hambre, desnutrición, abandono, abuso de autoridad y justicia ineficiente e ineficaz, entre otros.
Por estas razones, no sé qué decir frente a la descarnada realidad expuesta por niños y niñas que caminan de la mano de nadie por el lado oscuro de la vida; niñ@s que no conocen algodones de azúcar, cajitas felices, M&M y a quienes la existencia de Papá Noel les da risa. Pero, aún sumergidos en la más profunda desgracia, éstos mantienen esa franca sonrisa, esa luz de esperanza que los alienta a seguir adelante en pos de la llegada de mejores días; días que esperemos no sigan demorando tanto en llegar.
*Mariella Pereyra O. es cientista política.
La muy Leal y Fiel*
Tarija no fundó Bolivia. Si bien participó desde un primer momento con su sangre y coraje en la lucha por la independencia, no fue parte del acto jurídico fundacional de 1825. Se adhirió a ella un año después en ejercicio de su legítimo e inalienable derecho de autodeterminación incorporándose a la decisión tomada por cinco regiones hermanas: Chuquisaca, La Paz, Santa Cruz, Potosí y Cochabamba.
Atentados contra Santa Cruz
Los atentados que se provocan contra Santa Cruz son alevosos. Lamentablemente los alienta el propio Presidente, con acusaciones infantiles y fantasiosas, y su atildado Vice, que se ha dedicado a la provocación con aires académicos cuando ha visto que no a todos los bolivianos se les puede meter los dedos en la boca con sólo hablar disparates.
El complejo antipaceño
Tomo prestado el título de una obra del gran teólogo suizo Hans Urs Von Balthasar, El Complejo Antiromano, en la que identificaba el surgimiento de una corriente por la que sectores incrustados en la Iglesia Católica, y alentados desde afuera, se ocuparon, y aún lo hacen, de atacar al centro de la Iglesia que es Roma.
La dura batalla de Tarija
La inmigración que está recibiendo Tarija desde el interior del país representa un desafío cultural muy grande, que los tarijeños están enfrentando con preocupación. Alguien acuñó la frase: "Conozca a los chapacos, por lo menos uno, antes de que se acaben".