La inmigración que está recibiendo Tarija desde el interior del país representa un desafío cultural muy grande, que los tarijeños están enfrentando con preocupación. Alguien acuñó la frase: ´Conozca a los chapacos, por lo menos uno, antes de que se acaben´.
Los pueblos pequeños de la región que han recibido estas corrientes de inmigración han perdido su personalidad. Eso pasó con mi pueblo, Tupiza, cuya personalidad fue barrida por una oleada de inmigrantes, una especie de tsunami norteño, que llegó tras la relocalización de los mineros de Comibol.
Una ciudad como Tarija, con una población cinco veces mayor a la de Tupiza, probablemente no sucumba tan rápido, aunque todo dependerá de la cantidad de inmigrantes que lleguen. En Tupiza, con 20 mil habitantes, bastaron 10 mil para cambiarlo todo, desde el modo de hablar hasta la comida, las costumbres, la música.
Tupiza tuvo un primer desafío cuando, en 1930, se fundó Villazón en la línea fronteriza. La nueva ciudad se pobló con inmigrantes del interior.
Así resultó que Tupiza tenía norteños al norte y norteños al sur. Algo similar le está pasando a la ciudad de Tarija con los norteños que poblaron Yacuiba. Norteños al norte y norteños al sur.
Los norteños que han llegado a Tarija trajeron, como todos los pueblos del planeta cuando viajan, sus modos y sus costumbres. Hay un carnaval norteño que se realiza en la zona del Mercado Campesino y que ha rechazado la invitación de las autoridades de hacer el desfile en la avenida Costanera.
El carnaval chapaco es muy sureño, una fiesta de los campesinos, que bailan al son de música elemental. Difícil que compita con el espectacular carnaval norteño, que trae bandas de música, figuras, disfraces especiales, pasos y coreografía. El movimiento comercial que se da en el carnaval norteño de Tarija es millonario. Los puestos de venta de comida y refrescos se venden con meses de anticipación. El otro, en cambio, es elemental, lo organiza la Alcaldía. En el norteño hay toda una organización empresarial, inspirada en las que manejan el carnaval en Oruro o el Gran Poder de La Paz.
Es en la música melódica, en las cuecas, las chacareras, las coplas y los contrapuntos en que los chapacos son insuperables. El otro carnaval, el de las bandas estruendosas, el de los grandes negocios, es el que más dinero maneja.
Los cambios llegan incluso en la comida. Todavía ahora en algunos comedores populares tarijeños se ofrece ´riñones al jugo´, pero ya han surgido locales donde se lo traduce como ´jolke´. Los tupiceños tenían un plato delicioso que se llamaba ´kasa uchu´ pero ahora sólo hay su equivalente, la ´ranga´, que no le llega a la canilla.
La culinaria popular tarijeña es mucho más rica. Pero está en riesgo. Las chirriadas, una especie de panqueques populares, cocidos sobre la famosa piedra Tarija, son algo único en el país. Pero lo que más caracteriza a la comida tarijeña es el pescado. Sólo se ofrece así: pescado. Por supuesto que todos saben que se trata del sábalo. Y mejor si es el del Pilcomayo, que se consume en los meses sin ´r´.
Ah, y el vino, por supuesto. Salud por eso. Y salud por Tarija. Suerte en el desafío cultural.
*Humberto Vacaflor es periodista.
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