Pocos días atrás se ha presentado la segunda edición de la biografía de don Hernando Siles Reyes, cuyo autor es el ilustre escritor y diplomático Alfonso Crespo Rodas. En este libro se hace un magnífico retrato de ese gobernante nacional, uno de los más importantes de la primera mitad del siglo XX.
Don Hernando Siles había nacido en Sucre en 1883 y fue presidente de la nación desde 1926 hasta 1930, cuando se mantenía una situación muy álgida con la república del Paraguay a causa de la disputa del Chaco Boreal. Precisamente, al recordar a tan eximio gobernante, cabe hacer una reseña de uno de los episodios más intensos y dramáticos de la política internacional de Bolivia anterior a la Guerra del Chaco, como fue el incidente de Fortín Vanguardia.
Durante el decenio de los años 20, tanto Bolivia como Paraguay habían sembrado de fortines ese inmenso territorio denominado el Chaco Boreal. Entre ellos se encontraba Fortín Vanguardia, situado al norte del río Paraguay, al lado izquierdo del río Otuquis, donde actualmente se encontraría Puerto Busch.
Pues bien, en forma sorpresiva, el comandante paraguayo de Bahía Negra atacó Fortín Vanguardia, el 5 de diciembre de 1928. Después de un corto combate, donde murieron cinco soldados bolivianos y quedaron muchos heridos, el enemigo arrasó el fortín y se llevó ganado, armas y unos veinte soldados.
La noticia de la toma y destrucción de Fortín Vanguardia provocó un estallido de rabia y desesperación en el pueblo boliviano, que, en inmensas concentraciones humanas, exigió al Gobierno la declaración de guerra al Paraguay.
En una de ellas, realizada en la plaza Murillo, desde el balcón del Palacio de Gobierno, el presidente Siles expresó al pueblo enfebrecido lo siguiente: ´Soy enemigo de la guerra; pondré todos mis esfuerzos para evitarla; pero, si a ello nos obliga el honor militar, juro que iré con vosotros´.
Ante el peligro de guerra, el gobierno paraguayo decretó la movilización de sus reservas de entre 18 y 29 años. Pero el presidente Siles, comprendiendo que si Bolivia hacía otro tanto, el conflicto hubiese sido inminente, prefirió dejar las estridencias y buscar la forma de lavar la afrenta sin llegar a desencadenar la guerra.
Para el efecto, ordenó al ejército tomar un fortín paraguayo. De este modo, en la mañana del 14 de diciembre, cayeron en poder de la tropa nacional los fortines Boquerón y Mariscal López. Pero, comprendiendo el mandatario que una represalia debía ser proporcional a la ofensa recibida, determinó que se abandonase el segundo fortín.
Ni Bolivia ni el Paraguay estaban en condiciones de enfrentar una guerra internacional. Por ello, decidieron aceptar los buenos oficios de la Conferencia Interamericana de Conciliación y Arbitraje de Washington. Dicha conferencia creó una comisión para averiguar cuál de las partes había introducido una innovación en las relaciones entre los dos estados, llegando a la siguiente conclusión: ´La relación histórica de los hechos revela que el incidente de Vanguardia precedió los sucesos desarrollados en el sector Boquerón´.
En base al dictamen de la citada comisión, donde se justificaba la toma de Boquerón, se llegó a una solución pacífica, con la obligación del Paraguay de reconstruir Fortín Vanguardia y con el abandono boliviano del mencionado fortín paraguayo.
Pocos años después ocurrió algo semejante cuando provino un conflicto a raíz de ´Laguna Chuquisaca´. Pero esta vez no se contó con la serenidad y la inteligencia de don Hernando Siles, sino que otro mandatario, más dominado por el orgullo y la arrogancia, precipitó al país en la funesta Guerra del Chaco, que provocó la pérdida de un gran territorio y también el desquiciamiento de las instituciones del Estado y de la economía nacional.
*Ramiro Prudencio L. es diplomático e historiador.
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