La violencia, de un tiempo a esta parte, se ha convertido en uno de los dramas más preocupantes de la realidad boliviana. Si bien es cierto que todos los años se reportan frecuentes casos de tipo violento, en los últimos meses se ha acentuado este problema que convendría estudiar con mayor profundidad para detectar las causas y atacarlo desde la raíz.
Solamente revisando casos de los últimos días, se puede adelantar que la violencia intrafamiliar —un conflicto crítico en otros países del mundo— se está transformando en un problema muy serio en Bolivia. Mujeres y niños suelen ser las víctimas preferidas de los agresores, que por lo general, para colmo, son sus mismos familiares.
En Totoral, área minera de Oruro, una mujer con un avanzado estado de gestación fue asesinada a golpes, supuestamente, por su marido. Horas antes, en El Alto, un niño de tres años falleció al chocar su cabeza contra la pared, adonde su padre lo terminó arrojando solamente porque se había orinado.
La semana pasada, un muchacho de 14 años apuñaló y mató a una adolescente de 13 en Llallagua, al norte de Potosí.
Todos asesinatos. Y hay más, muchos más: los cuerpos de dos hermanas, de 54 y 64 años, fueron hallados a principios de abril en El Tholar, La Paz. Las habrían ahorcado por el móvil del robo...
Pero, sobre todo, sobresalen los casos de violaciones, principalmente contra menores. Un ejemplo: en Caranavi, el 10 de abril se supo de un padre que violó a su hija de 14 años al menos en 10 ocasiones.
La situación es tan grave que en este recuento no se toman en cuenta los hechos de violencia relacionados con la política (los frecuentes choques entre seguidores del oficialismo y de la oposición o, recientemente, los desaparecidos en Camiri), ni aquellos en los que policías resultaron víctimas (últimamente varios, como los que dejaron tres muertes en Epizana y dos en la comisaría del cruceño estadio Tahuichi Aguilera).
Y los linchamientos... un tema recurrente en las áreas periféricas de algunas ciudades y en el interior de los departamentos.
La violencia ha tomado ribetes de extrema preocupación. Es hora de tomarse un poco más en serio este problema.