Su liberación, a pesar de todos los esfuerzos, es cada vez más difícil por varios motivos. Primero, porque Ingrid está al borde de la muerte y no se sabe si vivirá hasta su posible liberación; segundo, porque en medio de las negociaciones, Colombia invadió territorio ecuatoriano donde murió Raúl Reyes (segundo de las FARC); tercero, porque Uribe retiró de las negociaciones al presidente Chávez arguyendo que habló con generales colombianos sin su autorización y que se inmiscuía demasiado en el conflicto; y cuarto porque la misión humanitaria del Gobierno francés que se trasladó a Colombia para ayudar a Ingrid y a otros secuestrados, se vio obligada a retornar a Francia. ¿Han sacrificado los mediadores a Ingrid y a los rehenes cuando nunca estuvieron tan cerca de ser liberados?
Hace seis años, la franco-colombiana Ingrid Betancourt, ex candidata a la presidencia de Colombia, fue secuestrada por el grupo narcoterrorista FARC que mantiene una guerrilla hace 40 años en la selva de Colombia. Nunca se vio tanto apoyo internacional en esferas gubernamentales para lograr una liberación. Esto fue porque Betancourt tiene nacionalidad francesa. Incluso Sarkozy se ofreció a ir a recibirla a la frontera colombiano-venezolana y asilar a los 500 presos de las FARC como parte de un intercambio humanitario. Una propuesta tentadora para los guerrilleros porque las FARC matan a los desertores de sus filas y ningún país quiere asilar a terroristas.
El caso de Betancourt es el más sonado de los últimos años. Según los recientes rehenes liberados, su estado de salud es deplorable ya que tiene hepatitis B y leishmaniosis. Está encadenada como si fuera un animal y, según las fotografías y las cartas, está destrozada física y moralmente por el cautiverio y por la incertidumbre de si va a vivir o no. Sartre decía: ´nadie puede controlar su destino´, más aún en este caso, porque su vida está en manos de ´el otro´. ¿Por qué Ingrid tiene que ser víctima del secuestro? Porque las FARC quieren que se legalice la guerrilla, se les dé un territorio neutral y se desmilitaricen dos pueblos al sur de Colombia. Esto resulta difícil para Uribe ya que es opositor a las FARC, porque mató a parte de su familia, y también podría cargar una responsabilidad histórica al legalizar la guerrilla.
Dos grupos de rehenes fueron liberados unilateralmente gracias a la senadora colombiana de izquierda Piedad Córdoba y al presidente Chávez, el que demostró tener acceso directo a las FARC.
Tal pareciera que éstos son los únicos que podrían negociar con las FARC para obtener la liberación de Ingrid y algunos de los 3.000 secuestrados, pero las relaciones entre Chávez y Uribe se han deteriorado. Éste acusó a aquél de haber financiado a las FARC con la suma de $us 300 millones. Hugo Chávez lo tildó de ser un títere de EEUU y lo amenazó con romper relaciones con Colombia. Chávez debería intervenir en su liberación como parte de un intercambio humanitario, pero debe ser ahora. Esto mejoraría su deteriorada imagen.
*Verónica Ormachea G. es periodista y escritora.
Demoras aéreas insufribles
La demora en el cumplimiento de los itinerarios de las líneas aéreas en el país se convierte paulatinamente en un factor que perjudica al usuario y benefactor de la aeronavegación, por la imposibilidad de concretar enlaces con otros aviones, reuniones importantes y negocios que siempre están en condición suspensiva debido a la alarmante estadística de vuelos atrasados en más de una hora.
La obscena comedia
Cuál es el límite de esta afrenta simbólica, que, de tanto enseñar los dientes, en vez de furia, se muestra burla? El drama de la historia, degenerada en comedia, tal como Marx retrata en su ácida descripción del bonapartismo. ¿Será que ambos bandos que se disputan el poder no tienen otra cosa que los globos de ensayo y el cálculo infinitesimalmente coyuntural para darnos un circo de mal gusto?
Kafka en la orilla
Un título agarrador, como la novela homónima que cobija, hinchado de sugerencias que apuntan a diferentes realidades. Para comenzar no se refiere a Kafka, el autor de La Metamorfosis, sino a un joven japonés en busca de sí mismo.
Revientan piedras, lloran las vicuñas
Cuando murió mi padre, hace ya más de veinte años, mi familia y yo tuvimos que sobrellevar un largo y penoso velorio que parecía nunca acabar. A estas alturas, ya puedo decir que, considerando que en aquella época no era más que un muchacho de veinte años, resistí con bastante entereza las visitas de ilustres, los discursos, los homenajes,